A propósito de ser libre y ser mujer

Artículo escrito por Julia Constenla

La libertad y la condición femenina no parecen antagónicas. ¿Lo son? Menuda pregunta, ardua respuesta.

Ni la libertad ni la condición femenina son inmutables, tienen que ver, como casi todo, con la historia, la geografía, la ubicación social, el marco cultural y otras tantas variantes más personales.

Sin embargo caben algunas reflexiones generales para ayudar a definir los contornos de tema tan lleno de vericuetos.

Si –este “si” no carece de importancia, entendámonos– ser libre implica como condición previa ser convendría averiguar qué se entiende por ser mujer.

El pequeño Larousse Ilustrado (XXVIII edición) resuelve la cosa sin demasiadas pretensiones, dice “Mujer (lat. Mulier). Persona de sexo femenino. La que ha llegado a la pubertad: es ya mujer. Esposa: salí de casa con mi mujer  y mis hijos.

Una definición de cuatro renglones cortos que enmarcan la ilustración de un muguete, planta dedicada cuya descripción que antecede a la de mujer, ocupa siete renglones.

¿Nos vamos entendiendo?

Para definir hombre, el mismo modesto diccionario utiliza media página y concluye las especificaciones con esta frase: La totalidad de los individuos de la raza humana se valúa en unos 1.200 millones de seres (para 1989).

Porque la caza humana cuando se valúa lo hace bajo la definición de hombre.

Sin embargo no todo es siempre tan lineal. La sofisticada Enciclopedia de Einaudi, una innovadora propuesta cuyos quince volúmenes de más de mil páginas cada uno editaron en 1978 destina a la voz  donna, que es siempre mujer, 32 páginas de un trabajo firmado por Franca Ongaro Basaglia que también comienza con una definición-resumen de uso común transcribiendo la voz del conocido diccionario Diderot (Tomasseo) donde consta que mujer es la hembra del hombre.

A partir de esa definición comienza un interesante análisis para conceptuar el “ser mujer”.

Lo cierto es que la tradición judeo cristiana atribuye a las mujeres una existencia dependiente: Dios creó al hombre y siendo esta creación su obra preferida, lo utilizó como materia prima para dotarlo de compañía, de una costilla del hombre hizo a la mujer.

Ser consecuencia de algo es, además ser dependiente de esta causa primera, que ya no sería Dios sino Adán. La libertad de esta parte de la humanidad es, casi por lógica consecuencia, una resultante de la potestad de quien posibilite su existencia: Adán, ni más ni menos.

Hasta mediados del siglo pasado esta libertad residual no era cuestionable.

Una mujer por su esencia, por su naturaleza, estaba destinada a la procreación y custodia de la vida de la raza en sus más diversos aspectos.

Esta actividad fundamental está íntimamente vinculada con su libertad. La condiciona, la limita e incluso la anula.

La mujer es tierra de sembradío, fuerza oscura de la naturaleza, inquietante y perturbadora que debe, como la naturaleza, ser dominada para su mejor utilización.

Cuando los nómadas se detienen realizan dos actos de apropiación de la tierra y la apropiación de la mujer. El dueño de la tierra debe dejarla en herencia y necesita la continuidad de su sangre como parte de la continuidad del goce de su propiedad.

Pero, ¿cómo estar seguro de que la sangre en la que hace consistir su estirpe es realmente la suya? La maternidad es indudable, la paternidad puede siempre discutirse. Así nace esta perfecta conjunción de la mujer-hogar. Un reciento. El aislamiento, los muros, las cancelas, los cerrojos, los candados, para que la especie se perpetúe y la propiedad sanguínea se asegure.

Decía Franca Ongaro Basaglia: “La mujer queda encerrada tras los muros y su historia es la de un cuerpo cercado en una propiedad e invalidado por una tutela”.

Poco más adelante agrega a propósito de la historia de la mujer: “Ella sigue generando la vida sin poder intervenir para transformarla, permanece durante siglos testigo y juez de lo que el hombre hace con esta vida, garante de su significado esencial”.

“Esta potestad de definir a otro que el hombre asume ante la mujer, hará de ella un objeto a merced de sus necesidades: objeto que tendrá naturaleza y carácter propio, variable en la medida que varíen esas necesidades. La mujer será frágil, dócil, despreocupada, materna, seguro puerto, madre del hijo y del hombre; pero también cuerpo, objeto sexual, fuente de seducción, de deseo. Hembra y mujer. Si será una, se le reprochará no ser la otra; y si es una u otra ella no podrá saber nunca quien es”.

Entonces, si por vía de hipótesis admitimos esta posibilidad, ¿de qué libertad estamos hablando? ¿De la posibilidad de elegir entre dos opciones instrumentales o de la de no saber qué es esa persona cuya libertad anhelamos?

Sin embargo la historia enclaustra pero no se detiene, el mundo cambia, se expande,  se amplía, se flexibiliza, las posesiones se transfieren, el poder puede compartirse. Y allí están las mujeres, cada vez menos calladitas, esposas, madres, hetairas, señoras, cortesanas, allí están, de pronto aparecen buscando un lugar propio en el mundo y solicitan igual consideración paritaria.

Pero ésta es ya otra historia. Vayamos por partes, en principio igualdad, luego diferencia y exigencia de respeto por esa “ser diferentes” que es, precisamente, ser mujer.

Es posible tomarlo con calma. La especie humana, con sus integrantes mujeres autónomas o sometidas, pisa aún este planeta y en su vasto territorio debate sobre libertad.

Debatamos, no hay problema, pero  antes que bien claro una aseveración que es ya lema de mujeres y se reivindica como prioridad absoluta: señores YO SOY MIA, y el resto vendrá por añadidura.

Una vez formulada la premisa es tan simple que da vértigos. Yo soy mía, vamos a ir  viendo quién es este yo que soy para poder decir, con jubilosa independencia cómo quiero vivir mi definitiva condición de mujer sin ataduras que no nazcan del ejercicio de una libre, autónoma, irrestricta libertad.

La costilla de Adán se declara independiente, buena fortuna a Adán que también puede librarse de una histórica y quizás, pesada responsabilidad.

Resumiendo ser mujer y ser libre es saber simplemente, alegremente, decididamente que YO SOY MIA, por ahora nada más, ya es suficiente. Ahora será posible averiguar quién soy yo y cómo puede ejercer activa, conscientemente esa parcela de libertad que corresponde al Ser mujer.

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