Edgar Allan Poe traducido por José Martí

Artículo escrito por  Ricardo Silva-Santisteban

Me lamenta el otro día que el gran escritor cubano José Martí hubiera dejado inconclusa su versión de “Annabel Lee”, uno de los más estimables poemas del poeta norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), cuando, de pronto, me decidí terminarla por mi cuenta en beneficio de algún probable lector. Sé que puede considerarse una enormidad de mi parte este intento de terminación de una traducción deja inconclusa por un clásico de América, pero mi único objeto ha sido completar los pocos versos faltantes de la última estrofa y, para que el lector pueda discernir lo agregado al original de Martí, encierro mi traducción entre corchetes con lo cual se podrá ver con claridad lo añadido. He revisado también la puntación de la versión de Martí con el original de Poe y adecuado la separación estrófica con el texto en inglés.

 

ANNABEL LEE

 

Hace ya muchos años, muchos años

allá en un reino junto al mar turquí

que vivió una doncella encantadora

que llamaré, si os place, Anabel Lí,

y sin más vivía Anabel, sin más deseo

que el de amarme, y gozar así de mí.

 

Yo era un niño no más, y ella una niña

en este reino junto al mar turquí.

Con amor que era más que amor humano

nos amábamos yo y Anabel Lí,

un amor que los ángeles del cielo

nos envidiaban a Anabel y a mí.

 

Y ésa fue la razón porque ¡hace mucho!,

en este reino junto al mar turquí,

salió de un nubarrón un viento frío

que estremeció a mi hermosa Anabel Lí.

Así que su pariente ilustre vino

y se me la llevó lejos de mí,

para encerrarla en un sepulcro oscuro

en este reino junto al mar turquí.

 

Los ángeles celosos en el cielo

nos envidiaban a Anabel y a mí.

¡Ésa fue la razón! ¿Quién no lo sabe

En este reino junto al mar turquí?

De que el viento saliera aquella noche

De la nube y matara a Anabel Lí.

 

Pero aquel amor nuestro era más hondo

que cuando amor más sabio o viejo vi:

y ni arriba los ángeles del cielo

ni los demonios bajo el mar turquí,

podrán nunca arrancar mi alma del alma

de la hermosa, la hermosa Anabel Lí.

 

Jamás brilla la luna [traerme

los sueños de la hermosa Anabel Lí;]

nunca una estrella brilla, sin que en ella

vea los ojos de mi Anabel Lí.

Así, en la noche aislada [duermo cerca

-en la tumba del mar que arrulla allí-

de mi amada, mi vida y desposada,

en su sepulcro junto al mar turquí.]

 

José Martí (1835-1895), fue uno de los creadores e introductores del modernismo en la literatura hispanoamericana.

Cumplió ya el primer centenario de su muerte en combate, Quevedo se suma así (con esta traducción especial (sic) para nuestra revista, del atormentado poeta Edgar Allan Poe), al homenaje que rinde Latinoamérica al poeta cubano autor de los prometeicos Versos Libres.

Nota extraída de la revista Quevedo, Revista Latinoamericana de Poesía, Año 3, Nº 7 y 8, 1995 – 1996

 

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