It´s a Selfie World

Contraensayos sobre el presente, I parte

Mientras caminaba por un centro comercial de mi ciudad observé a una muchacha con una camiseta negra con letras blancas con la siguiente leyenda: It´s a selfie world.

Esta frase/metáfora se me asemeja a un botón en un tablero para poner a funcionar juegos interpretativos y ver qué resultados podemos obtener desde una estética que transmite una forma o fórmula política.

Podemos encontrar filosofía política, sociología potente en frases aparentemente inocuas, inocentes, muy comunes en esta nueva cultura del meme y del perfilarse, del cual el primero es solo una expresión de los cientos de códigos con los cuales nos comunicamos hoy.

En este apartado se hablará del segundo, de la acción o posición vital en nuestro ejercicio actual de convivencia virtual que llamamos en este momento perfilarse.

Perfilarse es un acto común de edición de sí mismo. Ha venido desde el otrora nickname hasta el nombre propio negador del anonimato que se nos impone en el presente.

¿Perfilarse? ¿A qué nos referimos exactamente? Es tan común como nombrarnos con dos nombres y apellidos y cual sea el caso, nuestro itinerario de vida, oficios y demás performática.

Varias líneas acompañadas de una buena fotografía. Fotógrafo, editor, madre/padre, jardinero, guitarrista, contador y abogado. La enumeración puede ser tan amplia como los estilos de posicionarse ante el mundo.

Somos lo que hacemos, indudablemente. Ahora también somos lo que parecemos.

El acto de perfilarse ha permeado todos los espacios, es una realidad irreparable.

El arte y la literatura han sido relegados a ese rincón estereotipado de niño con orejas de burro en alguna escuela de la aldea global, solo que el mercado se ha aprovechado de sus coces y también es negocio y solo desde los centros del sistema-mundo: revistas, curadores, editores, editoriales y toda la fauna que nos empasta —al mejor estilo Warhol— las “nuevas ideas” del humanismo másfashion.

***

Perfilarse es un acto político, así como crear también lo es, así que en estas cápsulas expositivas no disociamos una de la otra. Literatura es política al igual que el arte y la política misma, todo proyecto estético y vital tiene en su Gran Lista de composiciones conceptuales a la política de base y cabeza y sobre todo, corazón.

***

El perfilarse es legitimado por los apólogos de la cultura millenial como una serie de sujetxs que por incorporarse al discurso visual común a todos sus contemporáneos, siguen un patrón, o lo que es lo mismo homogeneizarse, en un malabarismo de “distinción” que no es tal.

La homogeneización no es solo estética, sino política y filosófica, de todo el pensamiento, práctica común del proyecto de la modernidad y la globalización.

***

“Contradicción performativa” llama Terry Eagleton a aquellos que se hacen los estúpidos cuando de servidumbre política se trata, aunque sí pero no tiene que ver, la razón de citarlo es más porque se ubica como categoría, concepto operativo o matriz operacional—como les gusta llamarle a la academia—, en sano y criollo español: resulta divertida esta formulación y más todavía: útil para estos tiempos de excesos, protagonismos, de notoriedad, Vivian Abenshushan en su Contraensayo lo expresa mejor: “Me pregunto con frecuencia por la situación de todos esos escritores demasiado ocupados que ya no tienen tiempo para escribir, y no sólo por exceso de trabajo, sino por exceso de notoriedad”.

Este asunto del perfilarse es, nuestra forma de llamarlo, una receta eufemística puesto que podríamos llamarlo también: proyección del ego y la banalidad de la cultura voyerista de las redes sociales.

Ahora bien ¿acaso esta postura es la típica crítica sensiblera de quien no entiende los cambios y como otro viejo prematuro pretende imponer sus estéticas a los más jóvenes (¿pretendidos?)?

Este es un asunto de estética, sí, porque esta es ideológica y a su vez política. La política de la derrota cultural y sus cómplices.

A propósito de guerras perdidas Fellini llegó a decir que “la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”, no conoció un timeline de Twitter o un muro de Facebook.

Este momento que vivimos es subjetividad sin filtro masivamente comunicada.

El fino tejido de las ideologías sigue circundando las relaciones del presente, matizadas de ironía y cinismo.

La historia, ese amasijo tan manoseado como singularizado a líneas reduccionistas en la modernidad, como un asunto más complejo y rico en el caso de las consideraciones poscoloniales, nos recuerda en sus repeticiones incesantes de corrientes y expresiones que los “nuevos signos” generacionales/epocales llegan para quedarse, nos gusten o no.

Así como hay una ilusión de innovación en el consumidor, atmósfera perceptual creada por los gurús marketineros del neoliberalismo en cuanto objeto fetichizado, smartphones, por ejemplo, también hay una misión con tinte “evolucionista” confirmada, por supuesto, por las empresas del progreso y el desarrollo que aunque parecen enunciados retro siguen teniendo implicaciones futuristas patrocinadas por el cascarón de la tecnología.

Todas estas aventuras derrotadas por la realidad misma—aunque modificable— se muestra dura y reacia a los cambios, tan indomable como susceptible a manipular en las masas que la habitamos ante cualquier ejercicio de mímesis y proyecciones holográficas de la gran maquila esclavista/consumista y retroalimentada por nosotros: Internet, que nos ha vuelto carceleros, patronos, palancas, policías y censores de nosotros mismos.

Esto es solo un destello de todo el entramado del que se sostiene el perfilarse como manifestación, coletazo, signo, estremecimiento, convulsión, que de un lado, como cabeza, se encuentra el poder transnacional y los intereses de sus corporaciones, que nos habita en un ejercicio ventricular, imponiendo sus dinámicas, el “espíritu de este tiempo” dictado por su noria empujada por sinsentido, pues ahora ese “espíritu de la época”, el zeitgeist, tan alemán, tan eurocentrado, es el nombre de un documental conspiranoico.

***

Escribir es difícil. Mis respetos, envidia y todo mi odio para los que dicen que les gusta y que gozan haciéndolo. Crear en todas sus formas es difícil y todavía más en este tiempo de inmediatismo que necesita publicitar su perfil, su marca, su mercancía del yo.

¿En qué momento construimos pensamiento y conocimiento si cada frase, mensaje, opinión es en sí propaganda?

***

Admiro y envidio, de cierta forma, difícil de aclarar, a aquellas personas que mantienen su anonimato en internet. Aquellos que no sucumbieron ante la demanda de suprimir el nickname, el apodo, el pseudónimo, el heterónimo con el cual habitamos la red.

Ahora bien, no están exentos, así como el gran porcentaje que no tiene acceso tecnológico a los dispositivos que permiten conectarnos, puesto que conviven con personas que sí lo hacen y es lo mismo que tenerlos, puesto que terminan entregándose en la reproducción social, de su lenguaje, sus discursos, sus “sentidos comunes”.

***

Podríamos creer que estamos en uno de los períodos de mayor censura, puesto que hay límites para todo, incluso para la mentira. Ya no podemos mentir, quedó solo para aquellos exentos del control de los medios del espacio público, para el 1%.

Basta teclear nuestro nombre para que encontremos todo o casi todo en una breve pesquisa en la web. No hay oportunidad siquiera de alimentar la ficción. Eres lo que eres, tu mundo es lo que eres y ya.

Hemos sacrificado nuestra posibilidad de ficcionar por construir nuestro yo digital.

Somos prisioneros de un proyecto que pretendemos nuestro y que apenas tiene 500 años de vida. Ese proyecto se llama modernidad y niega las visiones de mundo del 70% de las multitudes culturales de la humanidad. Lo que en un principio fue una labor “civilizadora” de Occidente devino en cárcel con sus propios carceleros/reclusos que han sustituido enunciarse, llamarse desde un tejido de subjetividad propio y tenemos el descaro de llamarnos trabajadores libres, autónomos, freelance, para decirlo en el lenguaje del esclavo del presente.

***

Antonio Machado, a propósito de la causa que destruiría por completo eso que llaman paz, dijo alguna vez: “la escasa fantasía del hombre para imaginar los horrores de la guerra”, esta frase define un poco la miseria de los procesos creativos actuales desmenuzados a punta de la lógica performativa que impone el síndrome de Estocolmo vouyerista que hoy llaman autores y medios expresivos, y lo que es peor, estos eliminan lo posiblemente auténtico o al menos salvable, el mismo Machado con la voz de Juan de Mairena nos ayuda a expresarlo magistralmente: “en política como en arte, los novedosos apedrean a los originales”.

***

Manuel Castells, gurú de la sociedad de la información y legitimador a ciegas del perfilarse, ha declarado que Twitter es para los activistas y Facebook para los ideólogos. El hombre que está en la cabecera de los autores más citados del mundo, cual tanque del pensamiento, dron teledirigido desde las mafias de Silicon Valley, nos resume y reduce las luchas y la potencia creativa del arte político al territorio/dispositivo carcelario de los nuevos tiempos: la red.

***

No nos quede duda de la lógica imperante, de la nueva filosofía del perfilarse, It´s a selfie World.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: