De los Periodistas y su cuarto poder

Artículo escrito por José L. Moreno-Ruiz

Era la mañana de un día abrileño (año 1980, a cuatro del 1984), y acababa de morir Jean Paul Sartre, Había dado la noticia del óbito Radio Nacional de España en un anterior e inmediato boletín informativo – el de las diez horas de la mañana– , y de pronto: Tatachan; tirori, tiroritirori…..Modernismo arreglo musical para la sintonía, en la cual, aquella música viril y espejo de la patria, daba comienzo al programa Protagonistas. Ceso la sintonía; se apago la música cuando el locutor —-magnifico profesional, según el decir de los enterados en materia de información y de radiodifusión—- iniciaba su parlamento dirigido a los ¡siete millones de amigos, siete millones de protagonistas!

Pero no; nada que ver ya su voz con la del locutor que a comienzos de los años sesenta (la memoria de quien esto escribe no llega mas allá) y después de la viril sintonía, daba lectura a la efeméride: “Esto ocurría hace veinticinco años, en Plena República, frente comunista” Así concluía entonces el profesional tras dar lectura al relato de gestas nacionales, o tras el relato de la roja atrocidad. No; esta vez el profesional, Luis del Olmo, con su mejor voz, no relato efeméride ni  hablo de barbarie roja alguna. Inicio su programa alternando la noticia de la muerte de Sartre con la presentación de un protagonista, un ex – legionario, que había acudido a presenciar el programa. Acidulante unos minutos. Y el colofón, cual brillante estocada de las habituales en los grandes maestros de la lidia.

“Jean Paul Sartre, que hizo de la libertad su bandera”, dijo el locutor. “¿Cuál es su bandera, amigo protagonista?, concluyo dirigiéndose al ex – legionario.

“¡La Española!“, clamo el personaje, si bien es la escucha del receptor la cosa sonó, más o menos así: “¡La Pañola!”.

(Claro que todavía atronó con superior belleza el grito de los cubanos llegados al Aeropuerto Internacional de Barajas, grito también retransmitido por radio: “¡Viva Ep –ppanñia!”).

ONDAS PASADAS POR LETRAS, O LETRAS PASADAS POR ONDA (QUE TANTO MONTAN)

Manuel Martin Ferrand, reconocido periodista, y hombre de radio, y hombre de televisión, dijo un medio día desde la todo poderosa SER: “La extrema derecha y la extrema izquierda, que por cierto se diferencian muy poco entre sí…”Porque naturalmente, es lo mismo ser hijo de militar o de empresario, por ejemplo, que ser hijo de obrero; es igual habitar en Vallescas (escribo desde Madrid), que vivir en el Barrio de Salamanca. Factor uniformante: se es hijo de alguien y por cojones, que las madres no son la Virgen María: Se vive en un sitio: Se es joven, ya que el reconocido periodista, y hombre de radio, y hombre de televisión, hablara, claro es, de la política y de los jóvenes, especie esta que , como es sabido, atesora como característica la rebeldía y esas cosas; se distingue por su fogosidad y extremismo, amén de todos los etcéteras de que puedan dar fe. Los psicólogos, por ejemplo, ya que en definitiva ha de ser, siempre y en todo caso, un profesional quien diagnostique. La diferencia de posiciones se uniformiza en la patente de corso que, para esgrimir la opinión o el dictamen, suministra el título profesional.

En definitiva, la de periodista no es más que la profesión de opinar y de dar cauce a las opiniones. ¡Oh, cuan hermosa resulta la ejecución de tal servicio para la sociedad! Claro que siempre hay algún que otro disidente, aunque, por cierto, poco tengan que ver estos con la disidencia de Diario 16 y su radical Director. Veamos:

“La verdad es que el publico siente una curiosidad insaciable por reconocer todas las cosas, excepto las que valen la pena de ser conocidas” decía Oscar Wilde; pero antes había escrito: “No sé quien—creo que Burke —ha dicho que la prensa es el cuarto Estado. Evidentemente era verdad cuando lo dijo. Sin embargo, en la hora actual, es realmente el único Estado. Estamos dominados por el periodismo” (Biblioteca de Estudios, vol. IV. Valencia, 1932). O sea: Información como alimento de la dominación; progreso como nivel( a ser posible el más alto) de la uniformidad. Lo uniforme como excelsa cota del avance intelectual, moral, y por supuesto comercial, ya que la mercancía humana—caudal de fuerza productiva—debe ser en todos los casos, y de cara al principio acumulación, informada de los presupuestos éticos y morales que fundamentan la uniformidad de los sujetos productores. “En un tren suburbano por la mañana, un hombre puede estar leyendo el Daily Mail y otro el Daily Express; pero si por un milagro se pusieran a conversar no encontrarían mucha divergencia en las opiniones que han asimilado o en los hechos de que han sido informados.  Asi, por razones que son al fin técnicas y científicas, los periódicos han llegado a ser una influencia que tiende hacia la uniformidad y aumenta la escasez de opiniones propias” (Obra citada); eso decía Bertrand Russell, aunque es más que probable que sus palabras llegaran a ser, en un momento u otro alimento para la ética “al servicio de la verdad” de algún profesional de la información, que al fin y a la postre, el hombre era un liberal. No en vano, la información en una sociedad democrática—tal y como se cuenta hasta lo empalagoso en los editoriales de periódicos y de revistas—precisa, exige, caracteres diferenciadores; como la mismísima Banca o las empresas especializadas en la confección de géneros textiles. Y no en balde los periodistas claman contra el monopolio estatal de la prensa, de la radio y de la televisión, a fin de servir a una sociedad que, a su vez, pondrá en bandeja sus dineros para mayor engrandecimiento de las distintas empresas periodísticas o de información, con lo cual el Monopolio del Estado pervive en todas y en cada una de las empresas, a mayor honor y gloria de la libertad de mercado, y a mayor reforzamiento del Estado empresarial, multicefalo pero unipensante y uniformizador en la diferencia; o en la diversidad. Igual que las autonomías, concebida que han sido ellas—según afirman reiteradamente— para engrandecimiento de la patria (es decir: de la Metrópolis).

CADAVERES PARA MICROFONOS Y LINOTIPIAS

Pero, y volviendo a lo de Jean Paul Sartre ,nadie se atreverá ya—por mucho que odie la obra o la vida del escritor desaparecido— a escribir de él lo que Luis Calvo, maestro de periodistas , no lo olvidemos, homenajeado en más de una ocasión (cociditos madrileños de por medio)por la clase periodística, escribió en el ABC del 11-IV-1950: “ Lo que ha ocurrido el Domingo de Resurrección en la Catedral de Notre Dame es el hecho más grave que he registrado en Paris desde que en Paris vivo. Caracteriza—y en esto reside la gravedad —a toda una generación de señoritos maleantes, licenciosos y cobardes que ,bajo el siniestro signo de la ocupación alemana y del existencialismo de Sartre , a quien considero como uno de los mas insustanciales y berborreicos escritores que ha producido Francia , lleva siete años divulgando el vicio(sin incurrir siquiera en el) , practicando la ociosidad, escribiendo novelas” negras” , novelas sádicas (bajo cuya influencia se comentan en Francia crímenes tan espeluznantes como el de ese padre que acaba de matar a cintarazos a su hija , Mónica Richer de catorce años), bailando los bailes negros de las cuevas de Saint Germain des Pres y exhibiendo públicamente por las calles y cafés la mugre y el descoso de su ropaje estrafalario”.

Ni siquiera Luis Calvo (maestro de periodistas) escribiría hoy así de Jean Paul Sartre. Lo que procede es el escrito erudito de algún reseñista que jamás leyera al escritor (y para eso están los servicios de documentación de los periódicos),o, simplemente , añadir al Sartre a la mecánica nacional; emparentarlo, como se hizo y merced a las “mágicas” ondas de la radiodifusión, a la miseria ambiente ;fundirlo, en última instancia , con el ex legionario, o con un periodista llamado Enrique Rubio, que se vanagloria de su trato con policías y de sus estancias en comisaria presenciando interrogatorios padecidos por “choros”, periodista que colabora asiduamente en el referido programa Protagonistas, pues “too er mundo e gueno” y porque todos somos ¡Protagonistas!  Incluido Jean Paul Sartre. E incluido Louis Althusser, aunque a este no se le marque a hierro con el “too er mundo e gueno”, sino todo lo contrario.

¡Matar a su esposa, que además, y desde hacía unos años, era la legítima! ¿Habrase visto? ¡Un teórico marxista! Para que luego digan que no tiene razón el Santo Papa Botija que vive en Roma (en el Vaticano, lugar donde, vaya por Dios jamás llegan los efectos del noticiable movimiento sísmico de turno), cuando advierte el peligro intrínseco que acecha a la familia, merced a las ideas disolventes contenidos en la teoría y en la práctica Marxista.

Sería el destino; o quizás Dios, que todo lo malo castiga: Noviembre de 1980. Mes de la Conferencia de Cooperación y Seguridad de Madrid, capital de España. La televisión Española emite un programa sobre Polonia, que en verdad era una emisión dedicada a Lech Walesa. Se le veía, al líder sindical, acudiendo a misa, recibiendo los vitores de sus seguidores y jugando con sus niños. Así, como mandan los cánones de la normalidad, y como ordena la Santa Madre Iglesia. Días después, la noticia; él bombazo. Louis Althusser, conocido pensador y teórico marxista, se confiesa autor del estrangulamiento que causa la muerte a su mujer, a su compañera. Reseñas sobre la obra del “criminal marxista”, elaboradas a prisa leyendo los apuntes aparecidos en las contraportadas de sus libros. Pero no es suficiente. Hay que echarle a las fieras; aunque las fieras no sean otras que los carniceros. Así, en el Diario 16, de fecha 26-XI-80, Juan Pedro Quiñonero afirma, con honores de titular, lo que sigue”Tejieron su historia de amor en los locales del PCF”. Los tejedores eran, por supuesto, Louis Althusser y Helene Rythmann. “Helene, en verdad, nunca fue amada”, se decía en Le Matin con fecha del 19-XI-80. Y, para la final, mostremos un párrafo de Alberto Cardin, aparecido en Diario 16(¿casualidad de casualidades?), perteneciente a un trabajo titulado” Crimen y Marxismo”, en el cual, su autor, añade a la prospección política de las formas más sutiles de la investigación psicoanalítica y de la crónica negra:

“Seria extrapolar demasiado las cosas decir que quien convierte a la sociedad en culpable tiene que hacer lo posible porque la sociedad le castigue, si no puede vencerla. No suelen los marxistas llevarse muy bien con el psicoanálisis, y el mismo Althusser, que en su día fue el único en interesarse, dentro del pensamiento marxista, por las tesis de Lacan, oriento su principal esfuerzo teórico a criticar la relevancia de la idea de “sujeto” dentro del marxismo.

La ironía de la historia he hecho que quien defendía la idea de un “proceso sin sujeto” ni fin(es)” difundí la desazón  en las filas del pensamiento marxista, mediante la irracionalidad de un acto subjetivo”.

Felizmente, de entre tanta basura, apareció en el diario “ El País” fecha 19-XI-80, un articulo de Gabriel Albiac que , en mi opinión , no servirá para calmar la sed de sangre de los carniceros , pero que vale, al menos , para solazarnos ante la evidencia de que aun, y a pesar de todo, hay gente a la contra. Decía Albiac en su lucido escrito: “En un mundo tan intolerablemente atroz como este que nos toco vivir, la lucidez se paga a un precio muy caro. Althusser ha pagado su permanente vivir en la ruptura con lo más alto que poseía: su propia razón. Incapaz de seguir resistiendo en medio de una realidad atroz, una de las cabezas mas soberbias de esta segunda mitad de siglo ha acabado por sucumbir a un estallido final que, desde hace mucho tiempo, barruntaba obsesivamente. Ahora, Louis ha atravesado definitivamente la barrera.

Los buitres de siempre no desperdiciaran la ocasión para tratar de verter carroña sobre su nombre y su obra esplendida. Malditos sean”.

ESOS CHICOS TAN BIEN PUESTOS

En fin. Este pedantesco escrito, desarrollado gracias a la cita ajena (según Borges el lenguaje no es otra cosa que un sistema de citas), quedaría incompleto sin referencias a los Oneto, Onega, Pedro J. Ramírez, Augusto Assia, Pedro Rodríguez, Abel Hernández y un larguísimo etcétera con el que podían confeccionarse infinitas alienaciones de inequívoco sabor futbolero.( Pero cuando  se cita a gentes, siempre corre el autor de la referencia el peligro de olvidar a unos cuantos. No es cosa de molestar a los olvidados; reconocemos su permanente desvelo en la lucha por esta democracia que tan buenos dividendos les concede por su permanente guardia junto a los luceros reciclados). Pero el rigor de la referencia solo podría verificarse en la ideologización de la crítica. E incluso en la ideologización de la crítica pueden encontrar acicate los sujetos criticados; pueden hallar los mozos un impulso regeneracionista, un mejor acomodamiento, y nada más lejos de mis afanes. Por todo ello, una sugerencia: Contemplémosles, a ellos, a los periodistas, a esos personajes de la vida pública, en su suficiencia hortera. Explotemos en risa al verles o al leer sus cuitas; o las cuitas de quienes le dictan. Y cuando su presencia, sus aires de ejecutivillos de medio pelo con su culturita prendida de alfileres, nos resulte insoportable, cerremos los ojos ante sus letras y busquemos la paz en el libro de Louis Aragon titulado “El Campesino de Paris”, para leer aquello de: “Gilipollas, canallas, excrementos, cerdos.(…) Todo esto apesta. La tinta. Cucaracha aplastada. Chusma. Moriros todos vosotros que vivís de la vida de otros, de lo que a ellos les gusta, y de su aburrimiento.”

Texto extraído de la Revista El Viejo Topo – número 52 – año 1981

 

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