La Era de la Estupidez: ¿Algo Cambió?

En la temporada crítica, cundo no hay películas buenas para reseñar, suelo recurrir a los documentales, a los que creo deberíamos dedicarle más tiempo. Buscando, caí en uno titulado The Age of Stupid, traducido al español sencillamente como La edad de la estupidez. Luego de verlo con atención y entusiasmo, de tomar notas y desarrollar algunas ideas, seguro de que se trataba de un trabajo realizado el año pasado, descubro que tiene casi una década. Eso hizo que me preguntara si algo de lo planteado ha cambiado en ese tiempo.

La documentalista inglesa Franny Armstrong trabajó durante cuatro año en la realización de este trabajo sobre la base de una idea fundamental “no somos la primera especie que se extingue, pero si la primera que lo hace conscientemente”. Así, coloca esta premisa en el año 2055. El actor Pete Postlethwaite encarna al curador del archivo que resguarda todo lo producido por la humanidad, libros, películas, canciones, junto a un depósito en el que reposan las obras de arte arriba de un piso que aloja especies animales. La humanidad se ha extinguido y Postlethwaite realiza una grabación con la esperanza de que sea una advertencia para cualquier otro ser vivo que la encuentre.

Desde ese futuro se observan retrospectivamente los acontecimientos que produjeron consecuencias irreversibles para la vida en la tierra. A diferencia de otros  acercamientos al tema, en este caso no hay una voz moralizante que nos advierte mientras pasan frente a nuestros ojos imágenes sobre la catástrofe que ya está aconteciendo, ni se entrevistan a expertos que plantean sus opiniones científicas sobre la situación que se nos viene encima.

La trama transcurre entre 6 historias reales que se entrelazan con el personaje de ficción encarnado por Postlethwaite. Un empresario de la india trabaja en la creación de una aerolínea de bajo costo; un guía de 82 años acompaña conduce una familia por los glaciares del Mont Blanc; esa misma familia aparece luego trabajando para instalar parques eólicos en Inglaterra; una joven en la zona que más produce petróleo en África intenta hacer algo de dinero para estudiar medicina; dos niños iraquíes viven refugiados mientras esperan a su hermano; un trabajador de la Shell en Nueva Orleans salva a cien personas durante el huracán Katrina.

Esas historias permiten hablar de la alianza entre los gobiernos dominantes en el mundo y las empresas, la contradicción existente entre el aumento de la pobreza y la aparición de los recursos naturales, la sistemática destrucción del continente africano, la guerra de Irak buscando petróleo y la crítica al capitalismo en tanto incapaz de resolver la desigualdad creciente en el mundo. El equipo del documental le hizo seguimiento a cada una de esas vidas durante varios años, dejando claro que el problema no es ajeno a cada uno de nosotros, quienes también somos protagonistas en la tragedia hacia la que se dirige la civilización humana.

Al comienzo, la directora introduce una nota que reza: “todo lo mostrado sobre el presente y el pasado son noticias reales y grabaciones de archivo”. Esa es una de las principales fortalezas estremecedoras de filme, la certeza científica de que si no paramos este carro, todos vamos camino al precipicio. A diferencia de otros casos, la precisión en cuanto a la relación entre el cambio climático y el sistema capitalista, no conduce el documental a un callejón sin salida en relación a la solución, ni lo deja en solipsismo de las pequeñas acciones. Hay un esfuerzo para plantear la urgencia de una movilización mundial que pueda detener este suicidio. Finalmente, muestra un plan viable capaz de ser implementado si se logra el consenso de los gobiernos hegemónicos administrados por las industrias.

Pensando que había sido estrenado el año pasado, me entusiasmaba que trajera a nosotros un tema que parece olvidado por todos. Hoy el cambio climático no está de moda, solo ocupa a algunos activistas verdes que no tienen una política común coherente y que encuentran resonancia en artistas preocupados que no se atreven a profundizar las causas. Me sorprendí al enterarme que el documental fue lanzado en el 2009, sin embargo esto viene a reforzar la idea anterior, el tema es hoy más grave que ayer y la vigencia de esta producción es total, porque parece que nada ha cambiado.

Franny Armstrong es una pionera en el financiamiento de los documentales independientes a través de los crowdfunding, estrategia que hizo posible la producción de este trabajo. La edad de la estupidez al mismo tiempo que nos deja con un amargo sabor de boca, convoca a la organización anticapitalista mundial, desde lo pequeño hasta lo macro.

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