No todo es “amor y paz” en el Reggae

Artículo escrito por Augusto Dorado

El reggae es un género muy aceptado y cultivado a nivel mundial. En Latinoamérica, artistas de gran convocatoria como Dread Mar I o Cultura Profética cantan sobre amores y desamores, mensajes de paz y marihuana. Pero no todo es “amor y paz” en esta manifestación cultural nacida en Jamaica.

Aunque se imponen el Reggaetón y la Bachata, cada verano algún tema de Reggae se perfila para transformarse en hit: “International Love” de Fidel Nadal o “Tú sin mí” de Dread Mar I sonaron hasta el cansancio. En las playas se oye a Bob Marley y el Reggae en general suele ser parte de la banda de sonido de momentos de esparcimiento. Existe un sentido común de que se trata de un ritmo agradable, tranquilo, “con onda”. Para “prenderse uno” y relajarse. Reggae con algo de hippie, la versión estandarizada de este estilo es mayormente “amor y paz” sazonado con el humo dulce de la marihuana.

Sin embargo, ahondando en las raíces del género y en la infinidad de artistas que lo profesan encontramos que –especialmente en sus orígenes- el Reggae apuntó primero a la denuncia de la situación de marginalidad de la juventud, a reivindicar a la población afroamericana contra el racismo, sin obviar las revueltas violentas contra los opresores esclavistas. Muy lejos de los ritmos para las vacaciones en la playa.

La industria discográfica fue paulatinamente borrando ese tipo de registros para estandarizar al reggae como un género simpático y “buena onda”, con la figura de un Bob Marley edulcorado como estandarte. Pero Marley, el de “One Love”, “Could  you be loved” o “Is this Love?” y otras grandes canciones de amor, o el de la prédica pacifista producto de sus creencias religiosas (el rastafarismo) de temas como “Exodus” o “Jammin”, no es sólo eso. El desarrollo de sus ideas y creencias y de su carrera, tal vez lo depositaron en ese lugar. Sin embargo en las primeras etapas, ya como figura indiscutida del Reggae (para no hablar de su rico pasado en el Ska y el Rocksteady) junto a los Wailers, donde era secundado por Peter Tosh y Bunny Wailer, las preocupaciones giraban en torno a problemas sociales, la lucha contra el racismo, la rebelión de los desposeídos.

En las producciones de los Wailers (luego Bob Marley and The Wailers) de fines de los ´60 y los primeros ´70, este tipo de temáticas están muy presentes. De hecho, el primer disco que es regrabado para adaptarlo a los oídos ingleses, a manos del productor Chris Blackwell, es “Catch a fire” (algo así como “Atajá el fuego”). La frase es parte del tema “Tratante de esclavos” (“Slave Driver”), que comienza así:

“Tratante de esclavos,

tu mesa está servida.

atajá el fuego,

vas a ser quemado”

Y más adelante continúa:

“Cada vez que escucho el chasquido de un látigo,
Mi sangre corre fría.
Recuerdo que en el barco de esclavos,
Cómo nos embrutecían el alma.
Hoy se dice que somos libres,
Pero estamos encadenados a la pobreza.
¡Dios mío, creo que es el analfabetismo;
sólo una máquina que hace el dinero.
Capataz de esclavos, la mesa está puesta…”

Otro ejemplo está en el tema “Burnin´ and Lootin´” (“Quemando y saqueando”, que musicaliza la gran película francesa “El odio” que trata sobre revueltas de la población inmigrante).

Mientras Bob Marley avanzaba en su carrera solista, Peter Tosh lanzaba la suya por otro lado. Sus arengas a favor de la legalización de la marihuana (como derecho y expresión cultural) lo colocarían en un lugar más radicalizado que a su antiguo socio, al punto de ser considerado un artista de cierta peligrosidad para la CIA, entidad nefasta de la que se sospecha alguna injerencia en su asesinato en 1987.

Aunque no está muy clara la autoría de la famosa “Get up, stand up” (“Levantate, parate”), el estilo da a pensar que la letra es de Peter Tosh.

“Predicador no me digas
Que el cielo está bajo la tierra
Sé que tú no sabes
Lo que la vida de verdad vale
No todo lo que brilla es oro
La mitad de la historia nunca fue contada
¡Y ahora ves la luz, eh!
¡Defiende tus derechos, vamos!
Levantate, párate, defiende tus derechos!”

La canción expresa un cuestionamiento a la religión en la figura del predicador y llama a la lucha por los derechos contra la espera pasiva de una mejor vida en el cielo o el más allá.

Incluso en plenos años ´80, la temática abordada por bandas como Black Uhuru apuntaba más a la situación de violencia y marginalidad sufrida por la juventud de algunos barrios de Jamaica o de Inglaterra donde hay fuerte inmigración afrocaribeña, como “Youth of Eglington”, por poner un ejemplo.

“Los jóvenes de Eglinton,

No bajan su Remington (revólver, NdeR).

(…)

Ni siquiera pueden mantener la calma.

Tantas balas, algunos lisiados, algunos se vuelven tontos.

Son responsables de una gran cantidad de niños,

Y necesitan alimentos,

Y quieren ir a la escuela.”

Lejos del lema turístico “Jamaica no problem”, para la juventud de los barrios bajos los problemas no son nada leves.

Capítulo aparte merece el movimiento del Reggae británico en el que las cuestiones sociales tienen un peso preponderante y muy ligado a la lucha de clases en algunos casos.

Para espantar cualquier estereotipo, vale la pena profundizar en este género que conquistó el mundo pero que fue edulcorado por la industria para reducirlo a un ritmo pasatista y liviano, lejos de su verdadera historia y escencia.

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