Lápiz labial: Rojo

Confesar es un acto que me involucra demostrar mis secretos más hondos, y en la medida que pasa el tiempo uno aprende que no hay que decirlo todo, es un estado de excepción. Confesar también implica saber ocultar piadosamente nuestros pasados, porque esa historia se puede convertir en un contra-argumento posterior que puede ser utilizado en contra de tu intimidad, en tu defensa.

¿En qué lugar habitan las historias que vivimos?, de algún modo pueden estar en mi cuarto, en mi espejo, en esa almohada con fundas blancas, entre esas sábanas de colores y geometrías que saben acobijarme en mis horas de extrañamiento, ¿dónde siento la comodidad luego de quitarme mi escotadura? ¿en qué lugar prefiero llorar mientras ese Smartphone moderno empieza a vibrar?, después de todo, hay que llorar más cuando uno toma por confesado nuestra realidad, así la lágrima empieza a doler luego del padecimiento, y antes ¿qué importa?, ya no nos importa si la blusa favorita está rota y la usamos para no salir de nuestra casa.

¿Cuántos novios he tenido para que todos, de alguna manera, se pudiesen burlar de mí?, creo que ni siquiera es una burla disimulada, sino que es una burla que poco a poco empieza a dejar un rastro amargo que uno lleva internamente, porque el tiempo que llevamos meditando sobre el amor es ahora una forma de aislamiento. En este siglo digitalizado, en esta era de los grupos por redes, donde se envía un corazón como emoticón, donde se envía una cita a un hotel, este mundo tan superfluo, virtual, está como asediándonos, porque luego de salir de la cita, el cargador de la batería se apaga. El amor no puede sostenerse con tantos códigos que nadie puede interpretar.

Pero soy una mujer que ha mantenido siempre la misma fuerza para gritar, y en mis silencios también tengo ese grito, y pese a la crisis que vive mi país, no quiero dejar de pensar que por lo menos, esa forma de guardar mis confesiones sirva para cambiar la costumbre de este siglo XXI. Allí la fotografía de Livia Gouverneur inhóspita, y a sabiendas que cada día se acelera el aislamiento, se multiplica la falta de afecto y el olvido.

Confesar es un atributo religioso, axioma de la intuibilidad, y cada mujer tiene como principal tarea decidir, sin necesidad de sentir obligación para confesar su historia de vida, porque nuestra historia tiene un espacio que también puede causar incomodidad cuando lo contamos, más si esa historia de alguna forma te hizo desplomarte en tus emociones, y al desplomarse una historia también puede hacer que ese relato te vuelva a asediar, y no es bueno, porque lo importante es superar nuestras historias sufridas, por muy mínimo que sea, por microscópico que pudiese significar ese pasado.

De las múltiples herencias que me dio mi madre, es entender que el coraje es una prueba que tenemos que superar, porque no nos basta simplemente tener el deseo del coraje sino sencillamente hacer la voluntad del coraje, que ella misma adquiera vida propia y se defienda por sí sola ante los tormentos que hemos vivido.

 

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