La reforma luterana y la lucha revolucionaria de Thomas Münzter

Se dice que hace más de 500 años, el 31 de octubre de 1517, Martin Lutero clavo en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, Alemania, un documento con 95 tesis. Aún cuando hay cuestionamientos sobre la forma en que estas tesis se pusieron a disposición, lo cierto es que este fue un punto de inflexión histórico que desataría poderosas fuerzas subterráneas levantando auténticos movimientos revolucionarios.

En medio del medievo, Alemania había conseguido, en los siglos XIV y XV, desarrollo económico que dio paso a la formación de suburbios urbanos. Inventos como la imprenta y la pólvora ayudaron a ello. El feudalismo se imponía como un freno impidiendo la entrada triunfal de la nueva sociedad capitalista. Alemania estaba conformada por 350 principados con gran autonomía del imperio. La sociedad estaba dividida, hasta cierto punto atomizada, en diversas clases y subclases sociales, que en su mayoría chupaban la sangre del campesinado que era el que producía la riqueza.

Existía un reaccionario estado. El emperador cobraba impuestos imperiales y el papa diezmos. Además de la explotación, la iglesia imponía su terror en sus confesionarios y templos. Las reglas establecidas por el estado permitían el vaciamiento de ojos, el desorejamiento, la cortadura de dedos y manos, la decapitación, el descuartizamiento, etc.

La sociedad era gobernada por lo señores feudales tanto imperiales como clérigos. Las ciudades eran dominadas por los patricios, los más ricos; había una oposición burguesa, precursora del liberalismo, que incluía a una parte de la pequeña burguesía, también una oposición plebeya compuesta de burgueses venidos a menos, oficiales de oficios varios, jornaleros, incluso predicadores de la iglesia y elementos lumpenes, vagabundos. El campesinado por su extremada explotación y atomización no había logrado en el pasado más que revueltas aisladas y locales.

Las tesis de Wittemberg atrajeron inicialmente a toda la oposición sin importar su clase, llevarían a un enfrentamiento abierto con el alto clero de la iglesia y una enorme escisión de la misma, pero el propio protestantismo se dividiría en distintos campos. Estas 95 tesis criticaban la virtud de las indulgencias, en 1520 Roma le prohíbe a Lutero predicar y este responde quemando la bula (documento pontificio). Este desafío tiene ecos y el movimiento reformador se extiende a Zurich (1521) con Zwingli y Estramburgo (1524) con Martín Bucero. Lutero forma el culto en Prusia (1925) defendiendo el matrimonio sacerdotal al casarse con Catalina de Bora. En 1526 la Dieta de Spira (especie de parlamento) aprueba la libertad de elección religiosa en cada principado. En 1529 se da otra dieta dominada por el ala católica conservadora que intentó revertir el acuerdo anterior por lo que se da una protesta de los seguidores de Lutero, pasando a la historia este movimiento reformador como protestante.

Aunque se enarbolaron banderas religiosas no fueron causas del “otro mundo” las que provocaron la intensa lucha de clases en Alemania, Austria y Suiza, sino las distintas contradicciones de clase. Era hasta cierto punto normal que se expresara como oposición religiosa pues el catolicismo se impuso en el medievo como la ideología dominante donde la jurisprudencia, la ciencia y demás aspectos se expresaban teológicamente. En este conflicto se fueron conformando tres distintos grupos: el católico reaccionario, el luteranismo burgués reformista y el revolucionario apoyado en un ala de los plebeyos y campesinos.

El protestantismo fue en realidad un conflicto de la naciente burguesía contra el feudalismo, en el mejor de lo casos lo que existía eran sectores, dentro de los plebeyos, que antecedían al futuro proletariado. Al traducir la Biblia se popularizaron ideas revolucionarias contenidas en ella. Los anhelos de igualdad se encontraban presentes y podían remontarse al rescate de los ideales comunistas de los primeros cristianos. Aunque de forma minoritaria, una fracción de la sociedad luchó por este brote de ideales comunista. Al frente de ellos se encontraba Thomas Münzter.

El movimiento protestante removió a la sociedad, en los sectores mayoritariamente católicos empezaron a producirse levantamientos armados, la actitud conciliadora de Lutero no impidió que estas se extendieran a las regiones protestantes. En la misma zona de Lutero, Turingia, se posicionaron los más decididos insurgentes, encabezados por Münzter que colaboró inicialmente con el creador de las tesis de Wittenberg.

Frente al surgimiento de una lucha revolucionaria auténtica hicieron frente común contra ella las clases poseedoras, la burguesía y la nobleza, así como Lutero y el Papa. Lutero llamó a luchar contra esos campesinos vándalos y a asesinarlos. Él, representante de los elementos burgueses, es una muestra clara de cómo esta clase no es capaz de llevar adelante un auténtico movimiento revolucionario, pues terminó claudicando frente al viejo régimen. De ser un monje rebelde terminaría convirtiéndose siervo principesco.

Thomás Münzter fue un teólogo que en sus cultos suprimió el latín y puso a disposición la lectura completa de la biblia creándose en torno a él un movimiento anticlerical popular. Citando pasajes de la biblia llamaba a la toma de las armas y a combatir al clero y sus altares. Terminó oponiéndose no solo al catolicismo sino a creencias cristianas en su conjunto. Decía que el Espíritu Santo no existe fuera de nosotros, el Espíritu Santo es la razón. El cielo no es de ultratumba hay que buscarlo en esta vida.

Federico Engels dice que si la filosofía de Münzter se acercaba al ateísmo, su doctrina política lo hacía al comunismo. Planteaba el establecimiento inmediato del reino de Dios que “no significaba otra cosa que una sociedad sin diferencias de clase, sin propiedad privada y sin poder estatal independiente y ajeno frente a los miembros de la sociedad. Todos los poderes existentes que no se conformen sumándose a la revolución serán destruidos, los trabajos y los bienes serán comunes y se establecerá la igualdad completa (Federico Engels, Las Guerras Campesinas en Alemania)”.

Münzter encabezó una lucha violenta y revolucionaria contra el viejo orden. ¿La biblia no condena a los que roban? Había que luchar contra los explotadores y clérigos. Distribuía proclamas y pronunciaba discursos revolucionarios haciendo llamados al levantamiento del pueblo. Münzter, a la par de agitar, construyó una organización revolucionaria entre Alemania, Suiza y Austria. Es uno de los organizadores del levantamiento campesino. Engels lo describió así:

“Münzter es profeta de la revolución con todo su ser; enciende incesantemente el odio contra las clases dominantes, despierta las pasiones más violentas, y cuando habla lo hace empleando las frases encendidas que el delirio religioso y nacional atribuía a los profetas del antiguo testamento. El nuevo estilo al que tuvo que acostumbrarse indica el nivel cultural del público sobre el que tenía que influir (Federico Engels, Las Guerras Campesinas en Alemania)”.

El levantamiento revolucionario fue valeroso pero sería aplastado. Münzter fue herido y capturado en Sajonia, 5 mil de los 8 mil campesinos que iban con él fueron asesinados. En el levantamiento serían asesinados en total unos 100 mil campesinos.

“En presencia de los príncipes Münzter fue sometido a tormento y luego decapitado. Subió al cadalso con el mismo valor que había mostrado durante toda su vida. Tenía a lo sumo cuarenta y ocho años cuando murió. También Pfeiffer [discípulo de Münzter] fue decapitado, y con estos dos murieron muchísimos más (Federico Engels, Las Guerras Campesinas en Alemania)”.

El ala revolucionaria fue minoritaria y sin un proletariado sólido y una industria desarrollada era imposible en ese tiempo construir la anhelada sociedad comunista. Münzter es, sin embargo, un hombre adelantado a su tiempo y digno precursor del actual movimiento obrero y de todos aquellos que luchamos por una sociedad igualitaria y justa, es decir comunista.

De Marxismo.mx | por Carlos Márquez

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