¡Queremos ser madres!

Como feminista, defiendo la libertad de la mujer para decidir o no ser madre. Nuestra  naturaleza biológica no puede ni debe ser un lastre para  nosotras, como no lo fue para nuestras antepasadas antes de la llegada del patriarcado, que nos condenó a ser unas meras incubadoras de SUS hijos y transmisoras de sus “valores” de dominación.

En este artículo quiero defender el DERECHO de ser MADRE, pero no la madre patriarcal, sumisa y mártir, sino la madre libre, la que educa en valores y actitudes que forman la base para individuos autosuficientes, autónomos, independientes y con espíritu crítico. No queremos ser incubadoras ni niñeras, queremos ser MADRES.

La mujer  de nuestra sociedad tiene prohibido ser madre: no puede parir cómo, cuándo y dónde quiera, no puede criar como le gustaría a sus hijas e hijos, porque el trabajo asalariado lo hace incompatible .

La división del trabajo en la moderna sociedad capitalista está organizada de tal modo que es una sucesión de barreras económicas, laborales, salariales y temporales casi insalvables para la mujer que desea ser madre. Toda la economía doméstica está organizada para que los dos miembros de la pareja trabajen, porque con un solo sueldo difícilmente se llega a fin de mes (bueno, actualmente ya ni con dos), con lo que se lo complica más a las mujeres, y a las que no desean tener pareja mucho más.

Se produce entonces una desnaturalización del concepto de maternidad, se cuestiona o se rechaza o nos resignamos a no ser madres, sin darnos cuenta de que, en vez de cuestionar nuestros cuerpos o a nosotras mismas, deberíamos cuestionar el sistema que nos niega.

El trabajo no es incompatible con la maternidad, ¡falso! Lo que es incompatible es con el trabajo asalariado capitalista. Si bien el menosprecio al género femenino comienza con la imposición del patriarcado, muy anterior al sistema económico capitalista, con éste se anula el trabajo femenino; con el patriarcado, a la mujer se la oculta, pero dentro de la casa su trabajo es valorado. Durante siglos, las mujeres realizaban multitud de labores con sus bebés a la espalda, o en su regazo, o estaban a su lado, y cuando sus ocupaciones eran peligrosas o inadecuadas para sus niñas y niños, alguien de la familia, el clan o la tribu se ocupaba de ellos…Todo esto terminó con la llegada del capitalismo, donde las tareas o trabajos realizados por las mujeres dejaron de ser considerados como útiles o necesarios y pasaron a ser invisibles para la sociedad.

No es la maternidad la que nos impide realizarnos en el aspecto profesional y mucho menos a la inversa, es el sistema económico el que nos impide realizarnos en ambas, ¿por qué permitimos que el capitalismo nos dicte cuándo y cómo debemos ser madres?

La lucha contra el patriarcado no tiene por qué excluir a la maternidad, igual que la lucha contra el capitalismo no debe olvidar que la igualdad comienza con la mejora de las condiciones laborales, también para las madres; una buena solución para esto pasaría por la creación de cooperativas autogestionadas  de mujeres o colectivos que dentro del ámbito laboral redistribuyeran ambas tareas.

Las jóvenes nos encontramos con la oportunidad de cambiar esto, empezando por luchar contra los viejos prejuicios patriarcales que nos impone el rol de madre pasiva y castradora, y contra los intereses capitalistas que nos coarta nuestra maternidad para aumentar sus beneficios. Queremos ser mujeres libres, queremos ser profesionales y sobre todo, queremos ser MADRES.

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