Lápiz labial: Carmesí (En la camisa)

¿Cuántas veces hemos escuchado hablar a una amiga o a un amigo sobre la infidelidad?. La infidelidad al parecer es un chisme más sorprendente todos abrimos los ojos luego de haber oído la narración y decimos: ¡qué bolas! Y lo acompañamos de adjetivos poco favorecedores para el que haya cometido tan “terrible” acto.

Lo curioso de la infidelidad es que por muy cauteloso que se pretenda ser, siempre es inminentemente adivinable. No se puede ocultar.

Cortázar decía: “quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos” para que luego, de un discurso poético nos sancione, “arriba está la noche llena de ojos”;  habla del amante que disfruta de la ceguera de los transeúntes de una ciudad, no importa si es Dublín, Buenos Aires, Solagna, Caracas, Medellín, México DF, Valencia, Quito, Barquisimeto, New York, Ámsterdam, en el fondo de las calles o arriba estará el universo entero mirando la osadía de los amantes.

Un amante es un amante, pero cuando el amante tiene por debajo de la mesa un compromiso amoroso es infidelidad. Hay amantes buenos, hay amantes entendiéndose entre distancias enormes, pero también hay amantes que se ocultan en el miedo de lastimar el compromiso, o el miedo de no querer dañar una relación que estima demasiado.

El amante infiel, no es un amante puro, el amante infiel arrastra sus penas y sus padecimientos sobrecargado con una falta de seguridad consigo mismo. La infidelidad tiende a causar tres daños, el primero afecta a la persona a quien le dirige su amor promisorio, el segundo afecta al noviazgo donde su intervención hace la fractura emocional y tercero afecta a sí mismo. Tres personas están en un mismo círculo, como un vicio, como diría Miguel Crespo en su poema, “pasos tras pasos, en lánguido recorrido se pasea dando tumbo sobre tumbo, este viento o marea, esta máscara de teatro”.

El amante infiel es como un militante que abandona su bandera para tomar otra bandera, y en el peor de los casos, deja su bandera para tomar la bandera del enemigo. Nos es una aseveración radical,sino un simple argumento alejado de la lealtad; abandonar la lealtad por cualquier razón no merece un lugar honorable, no merece un lugar para ser trascendido.

La infidelidad está bajo la famosa versión contada de los hechos, la historia la cuenta quien gana, y quién la pierde cuenta su historia con su lupa emocional, en la resolución de la infidelidad no se aceptan terceros, porque el tercero nunca será imparcial, la imparcialidad no existe al menos que los dos afectados acuerden su situación. Al fin y al cabo, son pocas las personas que asumen la infidelidad, son pocas las personas que reconocen su “metida de pata” y son muchos los que se disculpan sin tener derecho a ningún tipo de conmiseración consigo mismo.

El siglo XXI es un siglo de estancamiento producido por la poderosa era tecnocrática; los vínculos que se pueden crear son rápidos, asimismo las relaciones algunas veces se presiente efímero, en los labios de quién amamos existe una duda frutal.

¡Ah!, se me olvidaba, las mujeres y los hombres infieles pueden repetir sus actos pasados, es como un blucle lo que Morín en la “Complejidad del pensamiento”  llamaba Bucle de la retroactividad, y de ese pasado, precede otro acto y interfiere, y ese pasado interviene de acuerdos con las razones generales en el presente, pero lo más importante es entender, que la infidelidad cuando es trascendida encuentra en el ser humano una paz sumamente poderosa, una paz de bahías y muelles abiertos.

Hay infidelidades políticas, las que son decididas diplomáticamente, como una cancillería donde la información queda suministrada en el coraje de la memoria y el silencio, el soterramiento. Las infidelidades políticas, por muy política que sea su decisión, tienen un factor que afecta directamente en el acuerdo. La moral cuestiona frente a las palabras que soterran, la realidad es otra, pero se decide ocultarla  para dar una imagen diferente a tus actos. El inconsciente juega un papel preponderante en las acciones pero de igual manera, las acciones no concuerdan con los presentes actos, por eso hay que nadar en el lago negro de la reflexión moral. No morir hasta llegar a la otra orilla. La infidelidad política en la inteligencia del campesino se entiende como el pacto de dos egos que siembran en tierras desconocidas.

La infidelidad es un teman recurrente en las obras literarias, eso fue uno de los ilusorios pretextos del Túnel de Sábato y las burbujas pintorescas de Castell en concebir una infidelidad para cometer un crimen, elletargo crimendel Boom.

La infidelidad también es de acuerdo a la sensibilidad de cada quien, por lo general cuando el ser humano crece entre turbias experiencias, hace que su corazón sea fuerte, y de esa dureza la infidelidad se evalúa de acuerdo a sus torpes encargos y encomiendas personales, cada quién fabrica su pasillo entre tormentas agrias. Fabrica su camino enemistándose de la angustia.

La infidelidad es un espejo, que moldea tu ser, moldea tu forma de asegurarte frente a tu imagen.

Una vez escuché de un tarotista, los seres humanos que cometen una infidelidad lloran con lágrimas muy calientes. De esa calentura es la temperatura del grado de su dolor interno.

@josemiguelm87

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