El libro hoy, I

I parte

Cogito ergo ¡bum!
Susan Sontag

 

Hablar del libro hoy. Así comenzamos, con la diferenciación significativa de la concepción del libro previo –fetiche– es decir, el impreso que queremos tener; la comprensión/diferencia entre el libro-fetiche y el de la era 2.0.

Se habla del “libro hoy” para establecer un “estado de la cuestión”; dar un contexto de los derroteros de la aparición del llamado “objeto libro” y del impacto que ha tenido para la cultura de Occidente y sus “colonias”.

Partamos de la idea de que la categoría libro, el concepto “libro” permanece, persiste por un asunto de mercancía, es decir, si bien existen redes sociales, múltiples nuevas formas de expresar contenidos, multiplicarlos, observarlos dispuestos en la red a partir de diferentes dispositivos… si todavía existe el concepto “libro” es por su carácter de mercancía.

Digamos que es más fácil mercadear algo llamado “libro digital” a decir “contenido” o “dispositivo de lectura” o lo que sea que le pongan. Es decir, el libro en tanto producto social carga todos los atavismos de sus procesos de creación como mercancía desde el inicio del primer dispositivo que tenía estampado lenguaje, comunicación para comunicar algo en específico.

Obviamente: las grandes transnacionales del libro, el mercado, la industria cultural en torno al sector libro sigue llamando “libro” a ese objeto, a esa mercancía porque sigue siendo un significante poderoso para vender de mejor manera ese objeto libro.

Hago ese recorrido porque el libro ha sido un mecanismo colonizado desde siempre. No es solo para informar o para la liberación que sirve, para codificar en tanto acervo o dispositivo para resguardar cultura, quehaceres, subjetividad, historia, etc… Sino que también ha servido como un mecanismo ideológico. No siempre es algo simpático hablar del libro. Mein Kamf es un libro, ¿no?

En ese extraordinario libro llamado La galaxia Gutemberg, Mc Luhan nos dice “toda mi obra es un pie de página de Harold Innis”; Innis fue uno de los principales referentes de Mc Luhan para hablar del impacto que ha tenido la cultura escrita, el acto de leer y escribir para la cultura Occidental.

Innis plantea que el Imperio romano logra su expansión en el mundo conocido, ese poderío imperial a partir de la posibilidad de comunicar la información en el papiro. Es decir, ya había un dispositivo para establecer posicionamiento militar, vislumbrar un territorio: expresarse militarmente a través de un territorio. Veremos ese impacto político, ideológico y militar nuevamente a partir del siglo XV con la manipulación de la versión de la imprenta china por parte de Gutemberg (ya los chinos imprimían billetes en el siglo V), es así como a partir de dicha versión, en medio de los viajes ultramarinos de Occidente, se imprime la biblia, el primer dispositivo ideológico “civilizatorio”. Todo el mundo lo sabe.

Entonces:

Este circunstancial nos lleva a nosotros a ver situaciones similares a través de la historia y los procesos de transición similares. Así como el Imperio romano se expande con nuevas formas de expresar la realidad, también ocurre en este momento. Entendemos entonces el libro, en tanto producto social capaz de realizar un impacto cultural profundo, que podemos ver hoy también a partir de la globalización de las tecnologías de la información; cuando hablamos del libro hoy, estamos diciendo: el libro hoy, en tanto mercancía sigue llamándose así porque para los mercados es más fácil llamarle libro a un objeto que ya está fetichizado en el imaginario social, es más potente, se identifica más rápidamente y puedo tener más pegada en esos formatos que estoy llamando libro digital.

Básicamente es un circunstancial muy interesante que tiene una complejidad sociológica, antropológica, económica, cultural, incluso podríamos decir que se trata de un fenómeno multifactorial. En el sentido en que, es paradójico incluso: estamos leyendo más que nunca. Una sociedad hiperalfabetizada en donde estamos presenciando una especie de nuevo oscurantismo.

Es decir: ahora no es que no haya información, sino demasiada.

En este circunstancial, ensayamos para prever o asomarnos a ver el instrumento libro como una herramienta de liberación, emancipación y sobre todo la lectura como un hecho social/comunitario que nos hace pensar/hacer, esa lectura y su mediación como una práctica ética que es capaz de formar otro tipo de subjetividad más allá de la subjetividad alienada que puede generar cualquier dispositivo de lectura, el cómo la práctica de leer y escribir es una tecnología, una excusa para una práctica que puede pensarse desde lo ético, estético, como un acto político al alcance de todos. Una problematización del acto de leer y escribir en los formatos físicos/digitales.

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