CRITICA DE CINE: La familia es un diálogo entre sordos

Este año he visitado poco las salas de cine, en realidad no recuerdo si más de una vez y la última fue hace nada. El problema no es el precio solamente sino la pobre oferta cinematográfica en las grandes cadenas. Por fortuna, con un internet medianamente decente, que es mucho decir, se pueden ver en línea o descargar los estrenos más nuevos del circuito cinematográfico internacional. Seguro Juan Nuño elevaría una nota de protesta ante la pretensión de sustituir las salas de cine por la comodidad de una pequeña o mediana pantalla en casa, para él las películas estaban indisolublemente asociadas a ese ritual representado por las acogedoras tinieblas solo interrumpidas por el resplandor de la pantalla.

Es probable que esa visión sea común entre los que se quejaron en la última edición del Festival de Cannes ante la participación de dos películas realizadas desde la plataforma Netflix. Lo cierto es que, como antes fueron desplazados los cines independientes por esos monstruosos emporios que monopolizaron el control sobre las salas en Caracas, hoy aparece una nueva amenaza en formatos como el que representa el gigante del streaming.

Todo esto lo digo a cuenta del reciente estreno en esa plataforma de la película The Mayerowitz stories.  No, no la vi por Netflix porque no disfruto de ese lujo, aunque si leí en varias reseñas y comentarios que es la mejor película que han realizado, o distribuido porque ya estaba lista cuando el director firmó con ellos, en fin la descargué por la sinopsis y los actores.

No he visto antes otra película de Noah Baumbach, al menos no recuerdo tener consciencia de ver alguna sabiendo que era de él. Sin duda es un director al que vale la pena prestarle atención. De la misma generación de Wes Anderson y Paul Thomas Anderson, compite con ellos por el título del mejor de ese grupo. Aparentemente se trata de su trabajo más maduro y mejor desarrollado hasta ahora, comentario que repito de los críticos, aunque sin duda comparto la impresión respecto a la calidad del filme y su redondez.

El primer plano nos presenta a Danny Mayerowitz (Adam Sandler) junto a su hija Eliza, intentan estacionar el carro en una calle de Nueva York, que prácticamente es un gran estacionamiento donde puedes pasar un buen tiempo intentando encontrar un espacio, hasta perder la paciencia, como le pasa efectivamente a Danny. Inmediatamente después nos encontramos en la residencia de Harold “el padre” (Dustin Hoffman) que vive con su quinta esposa Maureen (Emma Thompson). En ese espacio se encontrará parte de la familia con la inclusión de Jean (Elizabeth Marvel), quienes representarán la típica escena en la mesa del comedor donde se nos muestran los principales elementos del conflicto entre los personajes.

Según refiere en una entrevista, esta película tiene mucho de biográfico, el guion de Noah Baumbach recoge elementos de su propia vivencia y su relación con esa ciudad que ha sido tan importante en todas sus películas. Ambos padres de Baumbach son críticos de cine y podríamos imaginar algunas tensiones familiares expuestas en las que se presentan entre los Mayerowitz. Todo esto nos hará pensar desde el comienzo que pudiéramos estar ante un joven Woody Allen, mucho más fresco que el Allen actual y con similitudes felices con sus primeros éxitos, hoy películas de culto. Aunque, afortunadamente para nosotros, que no queremos ver una repetición, Baumbach se distancia en puntos esenciales de su narración y punto de vista.

Harold Mayerowitz es un patriarca contemporáneo, la totalidad de la familia gira en torno a él, quieran o no, y ahora que empieza su retiro suceden cosas que conducen a un ajuste de cuentas interno. “El padre” es un escultor y profesor universitario que no ha logrado el éxito esperado, jubilado espera el reconocimiento que no recibió y se llena de rabia cuando le toca ponerse frente al triunfo internacional de sus amigos. En medio de esta frustración debe encontrarse con sus dos hijos varones de madres distintas y con vidas diametralmente opuestas.

Baumbach conecta con una larga tradición en el cine estadounidense; los encuentros familiares.  No es difícil recordar otros filmes como Los Tenenbaums de Anderson o una película mucho más densa como August Osage County (que nunca he podido terminar de ver y siempre agarro empezada en la televisión). Uno de los elementos comunes y que en The Mayerowitz Stories se presenta claramente es la idea de la familia como un gran diálogo entre sordos. Rápidos e ingeniosos diálogos entre cortados se dan entre los personajes, que quieren contarse muchas cosas y al mismo tiempo no están interesados en escucharse.

Danny es un hombre débil, frágil, que cojea de una pierna por razones inexplicables, nunca ha trabajado y lo mejor de sí mismo es su relación con Eliza que acaba de entrar en la misma universidad donde enseñó su abuelo. Pudiendo ser el artista heredero del talento de su padre, capaz de superarlo, decidió abandonar el piano y se dedicó a la crianza de su hija. Le recrimina continuamente a “El Padre” su apatía y preferencia por Matthew el hijo menor.

Esta actuación de Adam Sandler es la mejor sorpresa de la película y viene como anillo al dedo tanto al actor como a Netflix, que se ha ganado nuevamente el reproche de la industria luego de firmar un convenio con el dueño de Happy Madison. Aunque pueda parecer una broma, la actuación de Sandler es realmente satisfactoria y merece todos los elogios posibles así como la pregunta ¿dónde está este Adam Sandler en sus propias películas?

Mattew es el hijo exitoso, que abandonó el camino de su padre y gracias a eso ha sabido hacer mucho dinero pero no logra lo que más desea el reconocimiento de que es mejor que él y lo ha superado. Jean no se parece para nada al papel que interpretó Elizabeth Marvel en House of cards como la implacable fiscal Heather Dunbar, tiene una presencia completamente opaca, aunque también intenta reconciliarse con un padre para el que ella casi no existe.

The Mayerowitz Stories juega a ser un drama familiar fusionado con comedia física apelando a una tensión psicológica profunda entre sus personajes que retratan un problema clásico sin dudar en llevar sus conflictos hasta los golpes o siendo incapaces de contener sus emociones. Deja una buena impresión y produce interés retrospectivo en la obra de Baumbach. A su vez, sorprende cuán universal pueden ser los problemas familiares, en tiempos donde la diversidad cultural es un discurso hegemónico parece que hay arquetipos que no mueren aunque ya no se hable de ellos.

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