El libro hoy, II

Entonces, visto de esta manera, precisado el hecho de que el “libro fetiche” es una mercancía; entendamos cómo el libro digital viene a apropiarse de este referente para volverse una mercancía válida, entendida, prefigurada y este libro digital viene a fortalecer la idea del libro impreso; estamos presenciando el fortaleciendo de la idea de libro y la idea de consumo de estos dispositivos; ahora, luego del punto de partida para entender el dispositivo, veamos: cómo nos relacionamos con esto y el campo de la escritura 2.0


Ahora que hemos problematizando a partir del objeto libro, un producto fetichizado, en tanto producto social de una comunidad de saberes específica, veamos cómo puede conectarnos el asunto del libro con un concepto, por ejemplo, como el de bibliodiversidad; es decir, el libro no es uno solo: nombrar libro es nombrar una omnipresencia de significantes, saberes… muchísimas cosas.

Cómo se trata de internalizar a partir de allí y generar una práctica, llenar el significante (que no sea solo el proceso de problematización) y darle a este tipo de dispositivos de presencia subjetiva, no solamente alienada, puesto que como decía Ludovico Silva: “el medio como ideología actual que disimula valores de otro tiempo”, es decir, porque puede que tengamos nuevas tecnologías, sin embargo son los mismos mecanismos de dominación que existen y mientras persistan es obvio que todo estará preconfigurado a partir del circunstancial económico-político al que está sometido el mundo.

De allí que el concepto que utilizo para dar respuestas a esto, es el asunto del libro anfibio. En una entrevista que le realizaría el poeta Luis Enrique Belmonte en un programa radial[1], decía en una especie de ejercicio hermenéutico: que los seres humanos desde el principio de los tiempos están leyendo, interpretando, siempre están asistiendo al acto de leer.

Leer no es un asunto nuevo. Incluso precede al libro: el hecho de que civilizaciones de todo el mundo desarrollaron escritura de diferente tipo, antes de escribir ya estaban leyendo: las estrellas, las nubes, el espacio, su derredor, lo que les circundaba, su cuerpo para encontrar síntomas, para interpretar la realidad, ¿qué sería el lector, el libro anfibio?, digamos, es un concepto que te permite recoger las narrativas transmediáticas[2]; puesto que en el berenjenal de cosas que hay en la red, en donde no encontrarás solo texto, sino muchos significantes para leer encontrarás en la pantalla, en el timeline de las redes, que no es solo texto sino imagen, que es una lectura super potente: no hay ningún período de la humanidad en donde se haya leído tanto; la gente usa mensajes de texto, Whatsapp, Telegram (con cuña incluida a las grandes corporaciones) todo es a partir de un código que hay que escribir, descifrar, comunicar; entonces, vendría a ser, desde esta nueva lectura sobre el (libro anfibio) cómo coexistimos, con lo que está en físico, con lo que está en digital.

Sigue habiendo un gran debate en el campo de la cultura venezolana leer o no leer en digital; aunque hablar del libro digital es un asunto casi que demodé, es en nuestro país que apenas empezamos desde unos años para acá a involucrarnos con este proceso. Es una manera de entender que los libros físicos no van a desaparecer, aunque parezca que los libros digitales los están desplazando es más bien lo contrario.

Amazon, por ejemplo, el Gran Monopolio. Cuando se pensaba que eran las grandes casas editoriales que estaban acaparando todo (como plantea André Schifrinn en La edición sin editores), desde esta pulpería digital, incluso están comprando libros de bibliotecas, robando el acervo de bibliotecas del mundo, incluso lectores han denunciado que libros comprados en la red están repletos de sellos de instituciones públicas[3].

Este circunstancial nos dice o nos recuerda, que no desaparece un medio por otro. Hay cierta resistencia, no faltan ciertos sujetos que manifiestan que no les gusta leer en digital, porque “es mejor leer en físico que en digital”, bueno, hay toda una discusión, sin embargo hay que recordar que cada medio que aparece no significa la desaparición del otro: prensa, radio, tv e Internet, atravesados por el mismo orden mercantil no desaparecen, al igual que pasará con el libro que en todo caso se sigue convirtiendo en una mercancía de lujo.

Todo el circunstancial está dispuesto para que el sujeto no se circunscriba solo al objeto libro como mercancía, sino que el sujeto entienda que puede usar todas estas herramientas para generar pensamiento crítico. Digamos: aprovecharse de la situación, como siempre se ha hecho en un mundo habitado por sociedades en permanente resistencia.


[1] Alba Ciudad “No importa en qué formato se encuentre el texto porque el mundo es un texto”. [página web] http://albaciudad.org/2015/09/luis-enrique-belmonte-no-importa-en-que-formato-se-encuentre-el-texto-porque-el-mundo-es-un-texto/ [Fecha de consulta: 8 de enero de 2018].

[2] Según Carlos A. Scolari se entiende como transmediático o narrativas transmedia un tipo de relato donde la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación, y en el cual una parte de los consumidores asume un rol activo en el proceso de expansión. También el estadunidense Henry Jenkins ha desarrollado el concepto a través de su famosa investigación “Culture Convergence”, un ejemplo podría ser un MEME de una serie de televisión o un libro, que es producido por un usuario que amplía la narrativa de donde nace a partir de dónde circula.

[3] El blog de Guillermo Schavelzon “La librería más grande del mundo, contra libreros, editores y autores” [página web], <https://elblogdeguillermoschavelzon.wordpress.com/2017/06/05/la-libreriasmas-grande-del-mundo-contra-libreros-editores-y-autores/amp/>. [Fecha de consulta: 8 de enero de 2018].

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