“¿De qué no nos iremos a sorprender nosotros, que creemos que estamos sorprendidos ya de todo?” una entrevista a Óscar Sotillo.

Óscar Sotillo cierra un texto que tituló Pintar la ciudad desde adentro, con la frase: “…Es un pintor, quién puede decir que no lo es. Esta es Caracas, y se pintan paisajes suizos en las esquinas. La gente sigue entrando y saliendo del metro. Son las cinco de la tarde, todo en calma”.

A pesar de esta afirmación, quienes apreciamos la obra de Sotillo nos atrevemos a decir que él es un artista plástico, además un apasionado del libro y las letras, un niño atemporal que se maravilla a diario con el futuro naciente.

Pero, pase y juzgue usted mismo…

Óscar,  convérsanos sobre tu obra en la II Bienal del Sur.

Esta obra tiene treinta y siete libros, es un proceso acumulativo porque ahí hay libros que tienen veintidós años.  El trabaja mío con el libro tiene muchos años, más de dos décadas,  y lo que hice fue compilarlos, por primera vez mostrarlos en un conjunto,  porque tú sabes que en los museos, en los grandes espacios,  las obras que se muestran deben tener ciertas características para que no se desaparezcan en los espacios; un libro que es un objeto de cierta intimidad -un formato pequeño que lo tienes entre las manos, que lo tienes en el cuerpo- había que mostrar eso sin que se perdiera en el espacio.

Bueno, entonces ese era el espacio de mostrar una gran cantidad de libros, el libro visto desde muchos puntos de vista. Como persona, como artista me ha tocado trabajar el libro desde muchos ángulos: el libro como escritor,  como ilustrador, como editor,  como hacedor de libros con las manos, yo también soy encuadernador, tengo como todos los oficios alrededor del libro, ¡me encanta eso! y es parte de mi obra sustancial.

Ahora,  mostrar libros es una cosa muy interesante, porque como te digo, el libro tiene unas características como íntimas, en el sentido de su tamaño, de su uso, de su uso en esta última época, el libro no todo el tiempo tuvo ese mismo uso, últimamente el libro es individual: “yo leo libros, yo leo para mí”, es una cosa rara, nueva, la lectura originalmente no era así, la lectura era colectiva, alguien leía para los demás, el libro era más grande, era otro objeto. Estos son libros más pequeños, hechos para que una sola persona los lea.

Sin embargo a mí me ha acompañado como auxiliar de la memoria, como militancia, en el término de artista como una especie de diario de trabajo, de acumulación de apuntes gráficos, de imaginería, de boceteo, de esquemas de ideas que luego sirven para otras cosas.

Aquí mostré una parte, porque la obra podría ser el doble de grande porque tengo muchísimos más libros, y justamente la idea del libro es –por eso el nombre: el libro arma- porque entiendo que el libro es un arma de lucha, de combate, y en el socialismo, este que estamos construyendo el libro tiene que ser una herramienta fundamental, un arma para la agitación de la gente, para la formación y para la profundización de todos estos procesos sociales que estamos viviendo.

El libro se mezcla con lo histórico, con las dinámicas de aprendizaje, con el empoderamiento del conocimiento, el libro es un objeto multidimensional, por la imagen, por la letra, por lo Político, incluso por lo religioso, lo espiritual también esta soportado por el libro, y bueno todo eso ahí se va mezclando. Para mí el libro es un objeto fascinante, lo conozco desde casi todos los ángulos. Además soy un lector empedernido, por eso soy un enamorado del libro y eso se refleja en mi obra.

Desde que el Presidente Chávez empezó a incentivar la lectura, el Gobierno Bolivariano editó e imprimió muchos libros que andan circulando, a partir de eso una corriente dice que debemos incentivar la lectura de estas obras, otra afirma que nos estamos rezagando y que debemos imprimir obras nuevas. ¿Cómo ves el panorama de la producción e impresión de libros en Venezuela?

Tengo que empezar diciendo que estamos pasando por un problema económico, complejo, estamos en una crisis generada por un sabotaje y una guerra económica descomunal y el libro obviamente no ha escapado a eso, es una víctima tremenda. Nosotros en otros años tuvimos la oportunidad de imprimir gran cantidad de libros, gran número de ediciones,  ahorita estamos menguados, la empresa privada, la empresa pública del libro, todos los proyectos de masificación han, obviamente bajado de una manera descomunal en porcentaje.

Sin embargo, nos agarra esa crisis en medio de un debate interesante, que es el debate libro físico – libro digital; hay muchos mitos alrededor de eso, siempre que se avecinan cambios o se anuncian empieza todo un temblor en esta zona. La fotografía no acabó con la pintura, ni la televisión con el cine, eso no fue así,  estos siguen siendo mecanismos que van a convivir. Cuando aparece la fotografía obviamente la pintura toma otro papel, sirve para otra cosa, ya no es el retrato oficial del presidente, ya no lo hace un pintor, ahora lo hace un fotógrafo pero la pintura se va para otro camino;  ¿quién va a negar que del XIX para acá la pintura ha recorrido espacios extraordinarios, creativos, profundos, de la grandísima imaginación, de esos discursos hermosos que deja la pintura?

Con el libro va a pasar lo mismo, ahorita no podemos imprimir, primero porque Venezuela no produce tecnología para imprimir y no produce papel, pero sí produce mucha idea y mucha imaginación y mucha historia;  eso va a estar vertido  probablemente por ahora en el libro digital, si más adelante se nos acomoda la economía seguramente vamos a volver a imprimir.

Lo que pasó en el año 2003, 2004, 2005, 2006, fue una masificación descomunal de libros, capitaneada por el comandante Chávez, que es el primer lector y el primer promotor de lectura que hubo en el país, que llevó el libro a una simbología y a una dialéctica que jamás había estado, que se presentó en la ONU con un libro, que le regaló al presidente del imperio más letal del mundo un libro, que trajo nuevamente a la memoria personajes, libros, cosas que teníamos como en el olvido.

Esa fue una explosión del socialismo venezolano desconocido. Es más, la cantidad de libros que nos dio Cuba en el marco de la campaña de alfabetización, ¿cuánto nos dio, cien millones? No recuerdo el número, fue descomunal, es algo que en el capitalismo no se conoce, pero en el socialismo Cubano y en nuestro proyecto venezolano, se transformó en unas cajas que llegaban a la gente, eran unas bibliotecas en unas cajas que Cuba nos regaló por millones que todavía ruedan, ¿quién no aprendió, quién no leyó aunque sea uno de esos libros? Esas son acciones del socialismo que son extraordinarias y que en el capitalismo son incuantificables.

Entonces claro, estamos pasando por un momento difícil donde mengua el número de impresión, obviamente ha menguado.

Nos da oportunidades que está entrando el libro digital, que es otro leguaje, que es un libro distinto. Yo veces me pregunto, ¿cuál es la diferencia? Sí, tiene muchas diferencias: el libro digital es un libro circular, no es un libro lineal, es decir tú le puedes entrar por cualquier parte y te va remitiendo a hipervínculos y tú te vas metiendo en diferentes lecturas a la vez. Eso no lo puedes hacer en el libro de papel. El libro de papel cierra, tiene un colofón y fecha de cierre de edición, quienes nos criamos con el libro de papel a veces pensamos que el libro siempre es cerrado, ya está hecho, ya está listo. No, el libro digital se puede seguir corrigiendo y se puede seguir engordando permanentemente, no tiene por qué cerrar tampoco. Son cosas que los diferencian.

Por ejemplo la manera como se distribuye, como fluye entre los tejidos sociales es completamente diferente; si tú haces un millón de Quijotes necesitas camiones y un gran despliegue logístico para llevar esas toneladas de papel al territorio; si tú haces cien millones de Quijotes digitales necesitas megas, otro tipo de tecnología.

Entonces son dos cosas que van a convivir, de hecho ya estamos montados sobre la lógica de la lectura digital, desde hace más de diez años las cartas, una cantidad de cosas están leyéndose en digital, ahora eso no va a anular el libro de papel, empiezan otras experiencias con el papel: más hermosura, mas textura, más grafismos, libros-objeto más hermosos; el libro va a empezar a ser otra cosa, un fetiche diferente. Estamos como volviendo a esos libros hermosísimos de la edad media, inclusive a los papiros, o los quipus o estos códices  mayas que también eran libros que uno los ve hoy en día y queda fascinado por aquel objeto. Bueno, seguramente ahorita los libros van a volver para allá, porque los contenidos van a fluir por la red, es lo que creo yo.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas del libro digital?

Fíjate, yo no sé si a esta edad que nosotros tenemos vemos como que los muchachos han perdido el gusto por el libro impreso. La mayoría de los chamos ahora leen en el teléfono, la cosa se ha volteado para allá, leen bajo la lógica de las redes sociales de muy pocos caracteres y el hipervínculo, eso pudiera verse como un empobrecimiento de la lectura, como que “leen menos”. Pudiera ser que ahora se lee de otra manera. Yo sí creo que hay que seguir leyendo al Quijote, y hay que seguir leyendo a Doña Bárbara, y hay que seguir leyendo a Aquiles Nazoa, y hay que seguir leyendo a Víctor Valera Mora y a nuestros grandes dramaturgos y poetas y escritores de todo tipo. Hay que seguirlos leyendo sea en digital o en papel.

Ahora, hay trampas con eso, hay muchas trampas tecnológica, lo que pasa es que nosotros no productores de tecnologías, nos quedamos pegados de todas estas tecnologías que hoy en día están en el bolsillo de todo el mundo. Si el teléfono sirve para leer ¡qué excelente!, si sirve para que tú te separes del hecho lector, de su complejidad, pues creo que está mal usada la tecnología.

La ventaja es lo portable, yo tengo un lector digital, un Kindle, y cuando me voy de viaje me llevo allí cien libros para revisarlos, para volver a leer, para leer uno nuevo, ¡los tengo ahí!, y claro no me podría llevar cien libros a un viaje, eso es una gran ventaja, la movilidad.

Yo lo que espero es que no empobrezca la experiencia, porque como te digo tiene dinámicas distintas, una biblioteca o una librería grande tiene una dinámica muy distinta a cuando tú entras en internet. Lo que yo si he visto mucho con los muchachos en internet es que entran a buscar una cosa y terminan viendo veinticinco más y por eso mismo la lectura es circular, porque se van metiendo, y metiendo y terminan ni recordando lo que buscaban originalmente. Eso es un riesgo que está ahí.

En cambio un libro de papel es una lectura mucho más lineal y mucho más concentrada sobre el tema. Probablemente ya yo me críe con esta cultura del físico, ahora estos chamos nuevos tienen esta versatilidad del teléfono, estas cosas tan sencillas que hay ahora, ojala sea que aporten a la curiosidad, a la imaginación, a la liberación, a la amplitud de los criterios y no que se restrinjan, no por fácil que ahora los muchachos sean flojos para buscar referentes, para asociar, para trabajar. Ojalá que conozcan más autores, más literaturas, más espacios, más sitios, más tiempos, que se sigan conociendo todas esas historias antiguas. Probablemente las van a leer en el celular y no las van a leer en el papel, pero que no se pierda la pluralidad, la diversidad, la profundidad de lo que es la literatura y de las cosas que por lo general nos traen los libros.

¿Cómo enfrentar la falta de papel de la que hablabas hace un rato, de cara a las ferias del libro que se hacen en Venezuela y en Caracas, específicamente?

Obviamente las ferias también han sido víctimas de esa merma en el libro impreso, las ferias también tendrán que adaptarse al libro digital, tendrán que darle espacio a eso. Ya se está viendo, el libro tendrá que ir al Qr, tendremos que ir al libro iPod y a diferentes formatos de lectura digital, ya vendrán otros, a lo mejor estamos viendo los primeros y después en estas ferias que vienen veremos espacio para un libro que nosotros no conocemos: el libro mural, el libro proyectado, el libro leído nuevamente de manera colectiva; y nosotros también, los más viejos tendremos que irnos adaptando a un libro que nosotros ni sabemos cómo será.

Sobre el libro impreso hay una comercialización clara, porque el libro impreso se ha convertido en una mercancía, en un bien y un producto cultural y las ferias, han estado diseñadas para intercambiar ese producto. Las ferias más mercantiles, probablemente no las de Venezuela, pero las ferias de Guadalajara, las ferias de Bogotá, las ferias en Argentina, son ferias mercantiles, son intercambios del producto libro, compra y venta de un producto, del libro físico.

Ahora el mercado del libro digital probablemente no esté tan desarrollado, no sabemos cómo va a ser, no sabemos si será como ese ITunes que tú bajas una canción y pagas una cosita o ya se venden libros por un pequeño monto, y tú lo bajas y lo lees y después el libro, se neutraliza, se desaparece, no lo puedes leer más; no sabemos cómo van a ser, estamos explorando como serán las nuevas vías de comercialización de esos fenómenos.

Ahora aparece un nuevo tipo de moneda, que es la criptomoneda, viene el Petro y una cantidad de cosas, que me imagino que traerá otro tipo de comercialización, otra transacción, bueno el libro tendrá que surfear esa ola también y verse allí en esa realidad. Porque ese intercambio de billetes por un libro, creo que a lo mejor no lo vamos a ver más, vamos a dar criptomoneda por libros digitales, es otro mapa que está ahí, y quedaremos nosotros como nuestros abuelitos cuando vieron la televisión o vieron el radio, que se sorprendieron de una cosa que hablaba, ¿de qué no nos iremos a sorprender nosotros que creemos que estamos sorprendidos ya de todo?

La masificación de la lectura digital, del libro, cómo se llevaría a cabo si sabemos que la mayor cantidad de la población no tiene acceso a celulares inteligentes, o tablets. ¿Cómo enfrentar el futuro del libro digital, con la poca tecnología que pueda tener cierto sector del pueblo?

Bueno fíjate, me atrevo a recordarles que la campaña del Estado venezolano de Canaimitas y Canaimas ha sido de impacto en los números, estamos hablando de más de seis millones de Canaimas en manos de los jóvenes estudiantes. Originalmente, predecesor de eso el proyecto Infocentro, también de democratización de la tecnología.

Sabemos que se ha dificultado la adquisición de los teléfonos de alto rango que hacen muchas cosas muy buenas, pero Venezuela es un país con un altísimo número de teléfonos en manos de la gente, hay más de treinta millones de líneas activas. Son números que no son bajitos.

Pero obviamente, Cristofer, lo que tú dices es cierto: ¿cómo garantizar la lectura? Para garantizar la lectura tienes que garantizar la tecnología. No conozco un plan exacto para eso, pero creo que se avanza hacia allá. El tema de que en esta crisis el Gobierno revolucionario no haya eliminado un proyecto como Canaimas y  Canaimitas, habla de que hay una intención por parte del Estado de que no merme ese acceso. Tú vas por la calle y ves a muchos niños con su Canaimita, y eso es lectura en diferentes niveles.

Yo espero que al ir saliendo de esta crisis económica, obviamente eso se vaya normalizando y regularizando. Lo que tú mencionas es complejo, garantizar una cosa quiere decir que garantices diez más. Igual que el libro impreso, para el Estado ser soberano en la impresión tiene que ser soberano en la tecnología de impresión, tiene que ser soberano en la tinta, en el papel, en formar correctores, soberano en formar ilustradores, en que los escritores estén saludables y escribiendo, en que tengamos camiones para mover los libros para todos los estados, en que haya venta de libros y la gente pueda comprarlos, o sea, una gran cantidad de garantías que están como entrelazadas que hacen que la gente siga leyendo.

Ese impacto que les digo de hace unos años, de más de un década ya, fue hermoso porque eso dejó libros en muchos estados donde no había. Tengo la experiencia siempre de decir que en Delta Amacuro, en Tucupita, ahí nunca en la historia de Venezuela hubo un librería, hasta que la Librería del Sur abrió, eso fue una experiencia insólita, no nos damos cuenta pero fue así, ahí por lo menos.

En San Fernando de Apure creo que tampoco nunca hubo una librería, ahí abrió una Librería del Sur. No será la gran librería descomunal pero el hecho de que haya allí esa cabecera de playa, fue importante, porque llegó el libro, y la gente para aprender a leer desde pequeña y tener el hábito tiene que estar rodeada de libros, y ahí llegó por un poquito pero llegó, la gota de petróleo de esa intención gigante de revolucionar y llevar el libro a todas partes.

Ahora lo del libro digital, ahí vendrán debates, hay que abrir esos debates, nosotros que estamos en estos mundos del libro, de la cultura, tenemos que abrir esos debates: ¿qué va a pasar?, ¿cómo democratizamos?, ¿qué pasa con el libro digital?, ¿qué pasa con los derechos de los escritores en ese libro que pareciera que es un intercambio gratuito?, ¿cómo no perdemos acceso sobre ciertas cosas?, ¿cómo leemos la última literatura que está saliendo?, que a lo mejor no va a salir en digital sino que va a salir en libros impresos que cuestan cincuenta dólares, ¿cómo hacemos? Porque nosotros queremos leer de todo: lo que está saliendo, la ciencia, los libros de estudio, tenemos que estar al día con eso. Yo todo eso no lo sé, pero espero que vengan muchos debates.

Ahí tenemos la Ley Orgánica de Cultura, de noviembre de 2014, que no está desarrollada. Ahí está una nueva ley del libro, ahí se debe una nueva ley de música, de artes visuales, de cine. Si van a reformar la ley, debe estar adaptada a estos nuevos tiempos, y tenemos los espacios para hacerlo, una Asamblea Nacional Constituyente activada y una cantidad de leyes que no se han hecho, ahí estamos llamados a hacerlas. Vamos a proponer una legislación sobre el libro digital, sobre la circulación digital de bienes culturales, ¿cómo es eso? Bueno, vamos a verlo.

Ahorita se está proponiendo una moneda, no nada más el Petro, sino una moneda digital para la cultura, que es un tema donde estamos crudos. Son temas que hay que discutirlos, que están ahí sobre la mesa  y que nosotros no le podemos sacar el cuerpo y que tenemos que con imaginación, con arrojo, con valentía, meternos. Estamos de cara al futuro, no podemos dar marcha atrás.

¿Cómo le podemos dar la mano al nuevo escritor, al no consagrado, para que pueda ir a la editorial privada o del Estado y tener una respuesta para ver su libro en impreso o digital?

Bueno, supongo yo que las editoriales del Estado deben estar completamente colapsadas, con colas de libros por imprimir de más de trescientos, quinientos títulos. Las editoriales privadas, de filosofía de derecha lo tienen claro: publicarán lo que consideran vendible, rentable.

Hay otra zona de editoriales alternativas que se jugaron, incluyo ahí a La Mancha y otros proyectos editoriales que conozco, que se jugaron la vida en eso: en publicar poesía, publicar ensayos, en publicar nueva literatura, que ni era para lucrarse, ni era tampoco por los grandes fondos que tiene el Estado. Es una zona intermedia donde se apostó por la militancia sobre el libro. Hoy muy difícilmente se puede imprimir, porque de verdad que ha sido la cosa tremenda.

Ahora, ¿cómo se garantiza? Entiendo que el Estado hace un gran esfuerzo por garantizar, entiendo que esas editoriales alternativas lo hacen y entiendo que a su modo estas editoriales de derecha, privadas también lo han hecho porque también han publicado a un poco de gente, sobre otros criterios.

Allí nos toca reconstruir los elementos del circuito del libro: está el autor, los técnicos editores, diagramadores, correctores, traductores de libros, están los espacios de venta, de promoción. Tenemos que reconstruir ese circuito que yo creo que está deteriorado. El Estado le publica un libro a alguien a través del Perro y la Rana, pero no le hace ninguna propaganda a la persona, no lo convierte en un escritor reconocido, entonces le imprimió mil libros, no le dio derecho de autor, no le dio plata sino que le dio doscientos libros y ellos meten esos libros en una Librería del Sur que se van a vender tres en un año. Eso es un proyecto que le falta una pata.

¿Cómo se garantiza? Nosotros en La Mancha vimos algo: el escritor que estaba interesado en su libro, el libro se agotaba más rápido. Tú no le puedes dejar el tema de la difusión y promoción de tu libro a la editorial, eso en la lógica alternativa, lo tienes que hacer tú como escritor. La Mancha no cifraba sus ganancias sobre la venta o sobre la distribución pero cuando el escritor se apropiaba del tema y era el promotor, rodaba rápidamente el texto.

El Estado tiene que reconstruir ese circuito, que esta fracturado. Porque imprimir no es ninguna garantía, ni para el escritor ni para el lector. Hay que construir, hay que hacer más promoción, convertir a esos escritores jóvenes en famosos, no hay que tenerle miedo a esa palabra, tienen que ser famosos, conocidos en su comunidad, y la gente va a ir corriendo a comprar el libro. Eso es lo que tenemos que hacer.

La batalla es la invención de una nueva sociedad, no nos cansamos de decirlo, y vamos a tener que seguir inventando porque hay cosas de las cuales no tenemos respuesta y hay que seguir inventando ante esas nuevas realidades.

CDLH

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