Cinco poemas y una crónica de Jesús Espicasa (Colombia, 1991)

RESPUESTA DE UN POETA ANÓNIMO

Hoy digo a quien mi nombre ignora
<<mucho gusto me llaman Guaire>>
y vengo desde las profundidades
conservando el color,
el lenguaje, los sonidos
y la risa del mar con sus fieras.
Soy musculo y motor de la vida,
nocturnas palabras,
el agua de las aguas.
He venido por los prevenidos
a dialogar con el Hombre,
puesto que es el asesino legal
dentro y fuera de sus leyes;
pero no converso con cualquiera,
porque todos me ven
y pocos son los que me escuchan;
me comunico con el que se detiene:
y quien me lee y mira con magín descubre secretos
y busca con furor el origen;
por eso os traigo un camino que conduce
a todos los tiempos,
un camino libre,
un pasaje escrito.
Pero no, no es un poema lindo
un verso logrado
o discurso cualquiera:
es un clamor de pájaro
lleno de una sed insaciable;
una voz de niño
con todos los seres queriendo beber mañana.
Con esto no pretendo empujar
ni detener la marcha,
ya estoy viejo,
sufro,
se está lesionando el pulmón continental
donde se bañó la libertad de América.
Ahora, bajo mi sombrío liquido tiembla,
tiembla la tierra
o los muertos están llorando,
por los mil litros de agua
acariciando a la misma piedra
y los ojos putrefactos que se asoman,
lejos de mirarme.
Por eso
en original energía invoco,
a los que apartan la capa oscura que me ahoga,
a los poetas peregrinos.
¡A ustedes, poetas! que aun con hambre escriben al pie de los descalzos
y visten de amor a los desnudos;
¡a ustedes, trovadores! que tejiendo
las voces de los mudos,
bailan con los mendigos;
a ustedes,
a ustedes os pido que acudan a éste lamento
puesto que he sido censurado
en aquellos espacios
donde se recitan limpios poemas:
en iglesias, en las universidades con sus diversas facultades y departamentos,
más una extendida lista de recintos burócratas;
y como si eso fuera poco,
amparándose en el derecho
a la defensa propia,
me llaman “sucio arrastra lata”.
Dicen que soy culpable de todo
el excremento y cuanto olor se amontona;
¿eso será cierto?
No, no quiero canciones que pretendan encerrarme
que, como Osuna a cuyo Hombre y no a mí ha deleitado
sin intención alguna del poeta y lejos de ser culpable.
¡Oh mi poeta! siento un profundo respeto por su persona física,
y debo aquí dejar constancia
que su obra también lo merece;
pero en cierto modo: ¡es igual a todos!
Si a mis modales se ha dirigido
¡déjenme decirle que no tengo modales!;
digo impertinencias, es cierto,
pero siempre estoy cantando
con cantos de selva que es mi canto,
y defiendo a la luna de los amantes
o a mi hermano como yo la llamo,
porque en cada estación Él me envía correspondencias.
Yo no he venido a cumplir horarios
y por lo visto,
la civilización “encima de mí cabalga”
No es ron lo que se desliza por mis costillas,
es orín y quema;
si quieren probar,
¡adelante!:
recibáis vosotros
lo que “por tubo a mí me llega”.
¡Oh mis queridos Hermanos!
ningún gran texto es inocente
y éste, aunque lo pretenda, no se escapa:
por eso
terribles halcones
lanzarán sobre mí sus garras;
pero…
¿qué más da cuando más dolor
soportar no puedo?
Ignorado u oliendo a muerte:
piensan hacerse un favor de los grandes;
de ser así,
si yo muero,
si no existo,
si no existo más todo el agua y con ello el viento
¿A qué servicial Ser acudirán?
¿Es posible la vida sin mí?
No lo sé;
de seguro ondeará con furia mi bandera
o tal vez aparezca demasiado tarde
en pálidas pancartas.
Vamos pues, reto a que abran sus ojos:
atrévanse a olvidar mi rostro o apártense de mí cause.
No,
no es posible.
Sin mí no hay canto de pájaros
(tristes o alegres),
planta verde,
volcán que se apague,
o peces relucientes.
Nada es posible,
y no me encontraran llorando,
debido a que mi sustancia es como las estrellas:
desconocida para los ojos terrestres.
Mi figura no ha sido el transcurso de una serpiente amoldándome el camino
ni el perfume de una alta noche
o dirección del tiempo:
es una alianza entre el Ávila y los ancestros
y como desconocen que eso va más allá,
Hombres revestidos de metal y pureza,
designados por el divino dinero,
quieren imponerme su carga
y meterme en eterna cárcel,
pero yo que conozco los caminos
en profundo silencio
me escapo por debajo de la ciudad
susurrándoles al oído mientras duermen:
para que mañana
—después de haber desayunado
“janbur” o cualquier invento—,
desde el balcón con un libro
en sólida estructura
un ágil servidor, técnicamente dotado,
enseñe a los niños, diciendo:
<<allí quedaba el Guaire>>.

COLGADURAS DE LA MEMORIA

Cada raya denota otra raya
y de cada línea surgen otras líneas
Por donde miren, es una colgadura
(con raíz e infinitos rostros),
del dibujo hasta el último verso
desde el principio hasta el fin de lo eterno
Donde todo se confunde y cada átomo es un cosmos
y los arcoíris son mestizos
y mestizos se mesen en crecidos cipreses
y brincan de montaña en montaña
y se meten agarrados del corazón
y pintados con extracto de selva

(Después de caer en batallas tras batallas
y engaños tras engaños),
puros intentaron, en vano, matar a mis muertos
pues cada pisada de cada nativo está incrustada en la mía
y su voz estampada por el peso de los sueños
ordena que el contrato de mi compromiso
se venza el último segundo que precede a mi muerte
seguida por una prolongación que llega más allá
mucho más allá de todo
Por ellos no firmaré mi rendición
y amo hasta más allá de los mares
y sigo en las abundantes colgaduras
de las tierras del sur
que siglo tras siglos he caminado
recogiendo el brillo del maíz
cuyo tesoro es el más grande
Y he navegado, e invito a navegar
por las venas de América Latina
y un canto general
por la extensión de ríos vírgenes
para investigar la corteza que presenció
la caída de los nuestros
y extraer toda la historia
Historia que está allí… cerca,
colgando del cerebro sus recuerdos de tierra
como esos árboles
que en el ayer estuvieron cargados de frutas
y que ahora posan pájaros en sus ramas desnudas:
a esos árboles cuya raíz es El Continente protejo
y cuido el latido de la boa
que contempla durante largo rato a su presa
y defiendo las rayas del tigre.

ORIUNDO

En el Zumbido Medio nací —¡recuerdo
que estaba lloviendo!—, en un ranchito de palma.
A eso la vereda debe su nombre: a brisas y palma.
Mi data se prolonga en un siglo, y un letrado

entre Sucre y Vallejo. También recuerdo
que mami cultivó y cortó la leche, para
sacar un poquito de maíz ¿En qué acuerdo
quedó el maíz y la leche? A un barranco saltara

si no supiera que la memoria ancestral
se conserva en los sancochos, en el tamal
o en la hallaca. Y mi casa barrí: como el brillo

de Kantuta, Flor imperial Inca, oro y carmesí
barridos por los españoles del patio del Potosí.
Eso, y cada átomo de mí, me confirman nativo.

ESTRELLAS EN LOS PIES

Me despojé los hábitos de niño
y cargué en los hombros el peso del sol
Desde entonces llevo en mis pasos
el dolor de los nadies y dueños de nada;
después de cada jornada
otra vez como niño,
si contaba con suerte,
me sentaba en el horizonte
a esperar la noche
para ver a los cocuyos en la brizna imitar a las estrellas;
sin decir que la natura, así como da también quita
porque en los días que transcurría la tierra muerta de risa
se acortaban mis sueños azotados por las gotas frías
pero al alba, era amenizado con el gorjeo de los pájaros,
mientras en brazos del aura
a galope posaban las rosas.
Y a estas alturas
sólo he cambiado de estatura,
¡más el montón de cosas que no enumero!
pues en la habitación tengo a mi país de vecino
y afuera arde el mundo
y se queman flores escarlatas;
mientras yo recito “A un olmo seco
pidiendo, “otro milagro de la primavera
quien está sugiriendo de respuesta , al aire
cuando este danza de la mano
con las hojas en el torbellino
para llevarse de un tajo
a este pasado tan amargo.

NO BASTA DECIR

Hermoso es un niño rodeado de rosas y atributos;
pero… ¿Qué se puede decir de un niño
—accesible a la muerte—, rodeado de buitres?

Pueden decir que aún queda el amor, la boca, los ojos
¡Con amor pueden decir cosas muy bellas!
Con la boca, discursos brillantes o crueles palabras,
incluso, pueden decir la verdad;

pero en el fondo: (de esa sociedad)
“sus ojos” están aplastando
a míseros y mendigos.

TEXTO EN PROSA

21 noviembre, 2016

Entre cielo y tierra

Crónica

Comprar un libro vale más que importar una historia del cielo. Y para importar una historia es tan complicado como —para las editoriales pequeñas— editar un libro con pocos recursos. Yo mejor compro un ticket del Metro, voy al Infierno, paso por el Purgatorio, llego al Paraíso —de allá traigo a unos personajes—  y hago mi propio cuento. Como el dinero no me alcanza para comprar tantos libros (no me tomaré la menor molestia de explicar las razones por las cuales no me alcanza), opté por crear la historia. El 4 de noviembre de 2016 viajé al Paraíso y traje a Dante, para dar un paseo por la FILVEN 2016 (12ª Feria Internacional del Libro de Venezuela, en su capítulo Caracas), pero cuando íbamos pasando por el frente de la Editorial representante de España, Océano, una señora, con un estilo parisense, estaba preguntando lo siguiente:

—Señor, ¿Cuál es el precio de este libro? –Agarrando de la exhibición a La Divina Comedia—, le preguntó al joven a cargo de la editorial. Tardó unos minutos en responder, mientras buscaba en el ordenador. En cuanto a la señora, paciente: carita feliz.

—120.000.00 bolívares señora, ¡pero es el mejor empastado que hay!—, contestó el joven. Basta con verle la cara a éste último, para saber lo orgulloso que está, de no saber, con justificaciones como esa, cuánto dinero se está ganando el dueño de la empresa.

Indignada, ya con su estilo caraqueño, la señora le dijo:

—Coño… te estoy preguntando por el precio de un libro, ¡no por el de todos!

Al escuchar tal barbaridad, Dante se volvió a morir. ¡Quedé sin personaje!!! Toca ir al Paraíso de nuevo, en busca de más personajes.

Ayer, o sea el tercer día de inaugurada la FILVEN, viajé de nuevo al Paraíso; cuando ya estaba en la capital, Empíreo, entre a un cafetín y, oh sorpresa: estaban en plena tertulia Pablo Neruda, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti y Gabriel García Márquez. Les invité a la fiesta y aceptaron gustosos. Ya en caracas—no echen mucho cálculo; el Metro que viaja para allá es muy rápido, demora poco: sólo segundos—, entrando al Teresa Carreño, dice Julio, señalando con el dedo índice hacia la Librería Del Sur:

—Miren quien va allá; es Luis Britto García. Luis Britto… le pegó un grito—, y se acercan todos.

— ¡Hombre!!! Años sin verlos—, responde Britto, repartiendo abrazos por aquí, abrazos por allá y abrazos para todos. Como buenos amigos entrañables.

— ¿Te acuerdas cuando nos encontrábamos en Nicaragua, alfabetizando, Gabo, tú y yo?

—Sí, yo si me acuerdo; grandes momentos… nosotros hacíamos tertulia en cualquier lugar; y éstos festivales son imperdibles; aquí deberían hacer lo mismo, aprovechar estos espacios, para la integración, para nutrir el conocimiento cultural, la cultura nos une; esto es como el principio de un buen libro, “el enganche para no despegarse más”—, responde García Márquez, adelantando en la respuesta a Luis Britto.

—Pero vamos a seguir caminando por la feria—, dije yo, como buen ingenuo e indiscreto.

Miren aquí está la Editorial Grijalbo y también hay libros de la Asociación Internacional de Editores (IPA) —, agregué.

— ¿No estará alguno de mis libros por allí?—, pregunta Benedetti.

—No, de tus libros hay poco; pero al contrario hay de Paulo Coelho—, responde Borges.

—Y mis libros están como ausentes—, dice Pablo.

—Y todos los que son de esas editoriales están caros—, añade Cortázar.

—Ah, pero aquí esta Trinchera y La Mancha y Brújula Literaria, Nosotros Mismos… he… ah, también está Laboratorio Educativo—, Buscando evadir las especulaciones (que “están por montón, como pirañas”) les indiqué con la mano un poco temblorosa.

Ah, pero aquí está esta de cartón—, precisa Borges, experto en montañas de ironías.

Le corresponde Astrid Saladar (fundadora) –Se llama Ediciones Dirtsa Cartonera y trabajamos editando libros; publicamos también las obras de los nuevos autores; trabajamos la literatura infantil; hacemos libretas con hojas reciclables y el material de la portada la hacemos con cartón; últimamente se nos ha complicado la cuestión, trabajamos prácticamente con las uñas.

Ya como a las 6 de la tarde, terminamos metidos en un recital de poesía (donde un día antes, había hecho acto de presencia Arthur Dreyfus)… el que más me gustó, fue el que recitó Luis Lovera Calanche, La Era Del Terror, y fue tal la magnitud del poema, que hizo temblar “la casa blanca” y aplaudir al gringo (gritando a la vez, un “viva Nuestramerica”), que lo estaba escuchando, acompañado de todos los presentes.

Terminando de esa manera el paseo, y para no quedar mal, les dije: vamos, tomémonos un café, pero antes, hagamos una vaca, porque ¡para el café hay que hacer otra historia, y no tengo suficiente plata!

Eso fue ayer… hoy, hoy vengo solo, y quisiera que todos disfrutaran de la fiesta… hoy no quiero que venga Borges, Benedetti ni Gabo, sino, el vecino, el de Altamira, el de Petare, los de Las Adjuntas y todo el que tenga la facilidad de venir; el de Venezuela, el de Latinoamérica, el de Gringolandia o el de cualquier rincón del mundo. “Ah, pero todavía tenemos chance”.

Foto: © Mariana Cano

Jesús Espicasa, seudónimo de Jesús Alberto Espitia Casarrubia (Zumbido Medio, vereda del municipio San Pedro de Urabá; 8 de junio de 1991) es un poeta colombiano.

Ha participado en la Filven 2017 (Feria Internacional del Libro de Venezuela), 7ma Feria del Libro de Caracas, Festival de Poesía Realenga, entre otras.

One thought on “Cinco poemas y una crónica de Jesús Espicasa (Colombia, 1991)

  1. Gracias doy a los que hace siglos hicieron estos versos para ser estampados en el presente: la música con su sonora extensión que contiene cada palabra, la danza, el fragmento del tiempo encerrado en la quietud de una escultura, la fotografía, la luz y la vida de todas las cosas que han hecho posible el lenguaje poético, es decir, la voz del hombre con toda la “naturaleza” en su conjunto. Lo que hoy escribo, o se escribe, es consecuencia de lo anterior; referencia que irradia hacia todas las direcciones, en prisma e interconexión.

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