Bansky, vándalo inspirado

Por Carlos Yusti


El arte auténtico ha encontrado en la calle una singular trinchera. Museos y galerías privadas de alguna manera asfixian y constriñen al arte en la actualidad, sin mencionar que el mercado le resta toda peligrosidad innovadora al cotizarlo en cifras astronómica.

Grandes artistas han sido en primera instancias grafiteros de oficio, otros, quizás con inclinaciones menos artísticas, emplean las paredes de la urbe para estampar sus inquietudes hormonales. Algunos ingenuos van a las paredes para dejar constancia de sus carencias intelectivas o el nivel elevado de su cursilería. En el Mayo Francés la pared fue una hoja volante para la frase creativa, política y apremiante. Lo cierto es que hoy día las paredes de la ciudad siguen siendo buena hoja para la redacción de los mensajes más dispares y de las estéticas menos encoñadas y algo más informales.

El artista va a la calle tratando de encontrar un respiradero para su trabajo creativo, es un ensayo sobre los derroteros que puede seguir su obra. Algunos han conocido el estrellato como Basquiat o Haring. Hoy son los cinco minutos de fama para Banksy. (1975)

No hace mucho un coleccionistas compró, a través de Internet, un graffiti por la suma de trescientos mil euros. El autor no era otro que el escurridizo y fantasmal Banksy. Las calles de Londres son el lienzo de este artista y quien a pesar de ser un tanto borroso es uno de los artistas más cotizados.

Nadie sabe a ciencia cual es su identidad. Sus datos biográficos se pierden en las callejuelas de su Bristol natal. Tampoco se conoce a que barrio pertenece, ni en que suburbio perdió sus dientes de leche o le dio por dibujar. Para otros grafiteros es un icono, un ejemplo digno a imitar. La policía le tiene cierta ojeriza. Para los transeúntes su arte es a veces sorpresivo, panfletario. Otros lo consideran un grafitero con talento auque en Londres hay mejores. Pero en lo que muchos parecen coincidir es que se publicita bastante bien, aunque él mismo se ha definido como vándalo profesional. Para los turistas tomarle fotos a su trabajo en tan importante como hacerle fotos a los sitios históricos de Bristol.

Banksy emplea plantillas para sus grafos artísticos. Necesitaba ahorrar tiempo a la hora de elaborar sus obras. La plantilla es una característica distintiva de su trabajo, luego está esa fuerte carga de ironía, cierto códigos surrealista y una crítica política y ambiental sin peder el toque estético, lo inusitado que busca captar la atención del transeúnte, cansado quizá de tantas pintadas y carteles publicitarios que hierven a su alrededor.

Lo de vándalo profesional no es una etiqueta para hacerse notar. Banksy aparte de “ensuciar” las paredes con su arte se ha dado a la tarea de colgar su obra en importantes museos. Durante algunas semanas en el Tate Modern de Londres expuso una piedra, la cual simulaba ser una pieza arqueológica con una pintura rupestre, realizado por un hombre primitivo que representa a un individuo de las cavernas empujando un carrito de supermercado. La pieza falsa estaba colgada en una de las paredes del museo y en su reverso el bromista Banksy escribió: “Hombre primitivo, camino del supermercado”. El timo lo reveló el propio artista en su página de Internet. En un museo en Brooklyn, colgó un cuadro clásico. El cuadro representa a un héroe norteamericano con su porte marcial, su peluca y su traje militar. Pintado a la usanza de retratos clásicos el histórico personaje tiene una lata de spray en la mano y ha dibujado un símbolo de paz y escrito no a la guerra.

El trabajo callejero de Banksy tiene esa tónica de humor a veces del más negro color, como por ejemplo ese grafo que dibujado a plantilla con aquella famosa niña que corre desesperada, con los brazos extendidos, llorando luego del bombardeo nuclear en Hiroshima, pero en esta nueva versión de Banksy a la niña la flanquean de ambos lados el Ratón Mickey y el payaso de Macdonald, los dos felices y sonreídos. Sus otros trabajos muestran un  activista que en vez de una molotov arroja un ramo de flores, la muerte con carita de smiley, los policías londinenses abrazados dándose un beso en la boca, y la más poética, la niña que suelta un globo rojo en forma de corazón. Es ya un clásico su versión de la Mona Lisa armada con un bazooka, como también lo son su cristo crucificado cargando unas bolsas de mercado y el elefante pintado en una habitación.

Los trabajos de Banksy ya han salido de su Macondo natural de Bristol y ahora recorren el mundo. Una de sus últimas andanzas fue su viaje al muro de Gaza y explica así sus razones: “Me pareció excitante transformar la estructura más degradante del planeta en la galería más grande del mundo, para fomentar el libre discurso y el mal arte”. En Ramala el Ejército israelí no estuvo nada a gusto con su presencia y en su web anota cómo un anciano le saludó y le dijo que sus pinturas agregaban belleza al muro. Banksy se le agradeció, pero el hombre le replicó un tanto airado: “No queremos que sea bello. Odiamos este muro. Vuelva a su casa”.

La Casa de Subastas Sotheby’s vendió tres obras de Banksy por la bicoca total de 102 mil libras. Esto ha colocado al artista en el centro de la polémica en la cual se le acusa como vendido y traidor. La vida de los artistas, por más escurridizas que sean, siempre es presa de la controversia y comentarios puntillosos.

El arte en la calle es a veces más mensaje que estética y Banksy no se sustrae a esa botaude. Sus trabajos plásticos en las paredes de Londres muestran el reverso de la situación y esto despierta de inmediato simpatía, rechazo o adhesiones automáticas. El mensaje de Banksy es claro: el graffiti muestra esa otra realidad a veces amable, cruda, muchas veces absurda, humorística o metafórica. Esta propuesta estética estampada en el muro de una calle quizá tenga los días contados, pero como una botella arrojada al mar del suburbio sólo está a la espera de un interlocutor atento que responda a la llamada de auxilio por un mundo que parece colapsar en su propia inmundicia de codicia y sangre desechando cualquier atisbo de estética o poesía.

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