Poema de Yorgenis Ramírez

A mí la locura

me viene de mi madre

que rezaba luciérnagas

en medio de lo oscuro

para darnos un universo inédito,

y sin embrago antiguo

 

Zurcía con barro y perfume de especias

el fisurado hueso del coraje,

por eso hay gotas de cielo

corriendo cual niños ensimismados

por los altos aires del deseo.

 

Júbilo eran sus cantos

lloviendo pájaros de amores

que nunca en la vida.

Porque antes de ser mujer y madre

era loca, loquísima,

no como Juana

ni Luz Caraballo,

la locura de mi madre

era un relámpago ebrio

desbordado sobre el pecho virgen

de mis hermanos y yo.

 

Mi madre era una verbena

amainando lágrimas

de niño Jesús tardío.

 

Alrededor del abuelo José Isabel, su padre,

que mascaba chimó mientras nos contaba sus amores

imposibles con Susana Dujim

 

y el fantasma de lirios insaciables de la abuela Ana Rosa

María, la paterna,

se burlaba dela mentira más hermosa del mundo.

 

Papá bailaba al son de esos alaridos elefantes

y boleros de Olga, la Guillot,

a quien encendía velas

para librarnos del silencio de los cielos,

cuando el destino apretada el cinturón de pelas milenarias,

y el arroz con leche de Fabiana, mi madre.

Nos daba el sana sana culito de rana por las tardes

como un salmo al viento,

nunca escrito,

por algún santo,

jamás.

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