Sonidos femeninos en el pentagrama musical clásico

Condenadas a los pseudónimos, las sombras y los silencios más amargos, las mujeres han sido víctimas del destierro cuando se habla de composición en la música clásica.

¿Conoce usted a alguna compositora clásica? Existen muchas, cuyos nombres, de algún modo, se han colocado en la vitrola del olvido.

Según expresó el célebre director de orquesta sir Thomas Beecham, ‘no hay compositoras, nunca las hubo y posiblemente nunca existirán’. Ese injusto concepto ha estado presente desde los inicios de la creación. En la Biblia, Adán le exige a Eva que deje de emitir un ruido tan horrible mientras sopla una caña hueca, pues si alguien tiene que hacer eso, debe ser él.

No obstante, la música toda, también tiene su rostro de mujer y muchas de sus melodías más trascendentales se logran por la sensibilidad de una fémina.

Conocida como Nannerl, Maria Anna Walburga Ignatia Mozart fue la hermana mayor de Wolfgang Amadeus, el genio de Salzburgo. Al igual que su pariente, ella también fue una niña prodigio de la música.

Sin embargo, debido a su condición de mujer, el mundo no pudo ser testigo pleno de su talento. El padre de ambos muchachos, Leopold Mozart, llevó a sus hijos a las cortes de París y Viena para mostrar a todos la genialidad con alma de niños.

Pero mientras Wolfgang pudo exhibir sus cualidades musicales, la sumisa Marianne asumió el matrimonio como ocupación principal. De este modo, se hizo cargo de cinco hijos que su marido ya tenía de dos matrimonios anteriores y de los tres hijos concebidos luego con él.

A pesar de quedarse ciega, continuó ejerciendo como profesora de piano y tocando ese instrumento hasta su muerte, el 29 de octubre de 1829.

Desde los tiempos de la Grecia antigua, la poetisa Safo en el año 600 a.C. vivió de sus composiciones y recibió la admiración de grandes pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles.

De igual modo, en Roma resaltaron nombres como Mesalina, y Cecilia de Roma, conocida como la patrona de la música.

Si continuamos el viaje y nos adentramos en el siglo XII, podemos encontrar el nombre de Santa Hildegarda de Bingen, quien con una cultura fuera de lo común en aquellos tiempos, dejó una obra musical prolífera.

Según los especialistas, si bien emplea técnicas propias de la época, la música hildegardiana se diferencia por el uso de amplios rangos tonales, que exigen a la cantante o al coro subir a agudos intensos estando en una nota intermedia o baja.

Como representación de la música popular existieron también trovadoras como la Condesa de Día o Tarsiana, innovadoras en sus composiciones, las cuales poseen cierta libertad creativa.

Algunos estudios recientes han intentado rescatar del silencio a figuras femeninas representativas del mundo sonoro.

La primera mujer en componer una ópera fue Francesca Caccini. Su obra La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina fue considerada, durante mucho tiempo, la primera ópera italiana representada fuera de ese país.

Por su parte, Élisabeth Jacquet de La Guerre fue la primera mujer que compuso una ópera en Francia. Con solo cinco años ofreció un concierto al rey Luis XIV.

Durante este viaje a la historia musical, podemos tropezarnos con el nombre de Barbara Strozzi, quien escribió arias y duetos, publicando ocho volúmenes de obras, las cuales incluían más cantatas que cualquier otro compositor del siglo XVII.

Otras mujeres como las francesas Louise Bertin y Pauline Viardot, la sufragista inglesa Ethel Smyth, la norteamericana Deborah Drattell y la escocesa Judith Weir también pueden encontrarse en esta lista de melodías femeninas.

Dentro de la panorámica histórica de las mujeres compositores, también destaca el especial caso Clara Schumann, quien estuvo casada con Robert Schumann, uno de los más importantes compositores del Romanticismo alemán.

Bajo la sombra de su esposo, marcada por una vida llena de tragedias, Clara, además de ser pianista, escribió su propia música y editó varias obras de Robert. En este escenario, mantuvo una relación especial con otro gran compositor de la época, Johannes Brahms.​

Asimismo, fue admirada por otras personalidades de la época como Goethe, quien la conoció siendo muy joven. Compartió personalmente con Felix Mendelssohn, Frederic Chopin y Niccolò Paganini.

Como resultado del papel impuesto a la mujer en aquel siglo, en cierta ocasión escribió que ‘alguna vez creí tener talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?’.

En España, merece la pena mencionar a la valenciana Matilde Salvador, quien fue la primera mujer que consiguió estrenar su ópera Vinatea en el Liceo de Barcelona en 1974. Años antes, en 1943, había presentado en Castellón La filla del rei Barbut, considerada un acontecimiento musical en la época.

La vitrola del olvido poco a poco deja de sonar. Los nombres de tantas mujeres que han aportado a la composición musical clásica se escuchan, incluso en los silencios, para llenar de fascinantes melodías ese pentagrama infinito que compone la historia de la música en el mundo.

Por Rachel Pereda Puñales | De Prensa Latina

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