Sordo

No, santidad ni afanes, desarollaré el tema de ser sordo, mi escribir sobre la sordera no me bastará aquí porque es tan amplio, es terreno donde cruje otro sentido del espacio, son partículas estáticas que perviven en la intensidad de nuestra forma de respirar. Sí, la serenidad del suspiro. Haré una apreciación.

Yo nací sordo, igual que muchos amigos, conocí mis pasos a los ocho años de edad. Escribo a manera de testimonio y a la vez porque ingenuamente muchas personas se preguntan ¿y cómo hace él si es sordo?

Y me fue una gran fortuna no poseer los dotes del ritmo ni las consonancias vibratorias con que se siente el mundo, mi ufanoso ser sordo es validar otra forma de concebir el entero razonamiento de la existencia.

La sordera es la expresión de la inmutabilidad de la realidad, se inmuta toda forma de representación sonora, arrastra símbolos muy propios, se regocija en las interpretaciones más poéticas y extrañas.

Cuando cae una hoja existe sordera, también ese simbólico silencio ejerce su existencia, la sordera también vive como las plantas, los organismos microcelulares, la micropartículas de la tierra. Sienten.

Se puede diferenciar entre la sordera y el silencio, porque el silencio es intencional, acudimos a ella como una fuerza inmaterial que nos conlleva al silencio, por ejemplo, callar por algún motivo personal, por si en una lejana ciudad podemos imaginar que respirar es más dulce que leer las páginas de la novela favorita, o imaginar una casa donde pueble la mirada de una mujer sustancialmente retraída, sin ser, es, nada trunca, solemos callar porque el decreto de la imagen que nos conlleva a silenciar tiene su afanosa forma, existen silencios que no se adivinan, hay silencios por nuestro estado de ánimo, el algebraico mundo de las probabilidades donde trascurrimos junto al tiempo, pasa como río, y en el firmamento donde pisamos el camino de pedregales cerca de las rocas, los cantos rodados, aparece aquellas aguas donde el ensueño fertiliza el poblar de las habitaciones extensas donde solemos refugiarnos, es un acto de oración, Henri Michaux decía “ Aquel que sabe orar hace caer piedras, perfumas las aguas” roídas de por sí, al ejercicio de exceder esas pausas, el rezo que muchos lo llaman acto poético, a mi me gusta decir que corresponda a un acto imaginante, muy delicado y sensible porque allí habita la finura del imaginario, nace la textura de fundar lo concreto del imaginario, son los íntimos secretos de las figuras que nos aproximan a silenciar el temperamento donde solemos rezar, o donde olvidamos por instantes los luminosos caminos transitados. Henri Michaux afirma que “rezar es aún más necesario que amar”

Afuera llueve.

     La sordera en cambio es una condición, no vivimos el mundo desde la tonalidades, pero conocemos el mundo tonal a través de otro sentido, por ejemplo,  saber si una mujer se acerca a nosotros cuando sentimos vibrar el suelo, los pies sienten intensamente que se acerca una mujer refinada, solemos sentir ese perfume que arrastra su vestido intensamente, un temblor más fuerte significa que está muy cerca y al vibrar menos, está muy lejos, imaginamos cuando suelta la blusa a la cama, se desordena a sí misma. La sordera es cómplice de lo que palpamos con los poros que solemos poseer, entonces un sordo conoce a una mujer de poro a poro todo su territorio. Aun sin saber oir sentimos su sustancia inalterable. La finura de una mujer se adueña del ensueño y el ensueño no necesariamente tiene que existir con sonidos bruscos, el ensueño también posee silencio, estancias sordas, rezo y alta potestad de la serenidad.

Una vez pensé que podía ser músico, pero no en vano, aprendí el guitarrear, solamente fijándome como se movía los brazos, los dedos, como vibraban las cuerdas y a sabiendas que no podía interrumpir cuando esas cuerdas temblaban, se me hizo fácil algunas notas, pero no fue mi vocación ser músico, soy pésimo a la musicalidad. Es horrible cuando le preguntan a un sordo, qué tono es ese que está sonando, y de verdad lo he vivido, es incómodo.

La sordera es un extenso plano de órbitas que sigue inmóvil en nuestra mente, recreamos un mundo exterior muy sigiloso. Es una larga pausa de inmovilidad que nos sujeta el ambiente, es la certeza aquella que para ubicarnos debemos buscar otro mecanismo con los sentidos, ejemplo algunos animales como los murciélagos pueden saber, si una partícula está frente a ellos, por el sondeo, el eco de las cavernas, se ubican espacialmente y prosiguen su vuelo sin interrupción alguna, su sonido los ubica, es interesante la biología de ese animal que ha llegado hasta los terrenos prodigiosos de la literatura, Henri Michaux define a ese animal de la siguiente manera:

“Los murciélagos no es un pájaro, si se quiere. Pero puede enseñarle a volar a todos los pájaros. Un pichón de paloma, se diría que rema, que golpea el agua, tal es el ruido que hace con las alas. Al murciélago no se le oye. Se diría que toma el vuelo como una tela, con las manos.”

Su rito sobre ese animal prosigue

«Diez minutos después, viene el murciélago, aquí, allá, ¿dónde?, el silencio enloquecido, con sus alas que no pesan nada y que ni hacen suspirar el aire. Se oye un picaflor; un murciélago, no. Nunca atraviesa un espacio en línea recta. Sigue los cielorrasos, los corredores, las paredes, hace escalas. Luego se cuelga de una rama como para dormir. Y la luna silenciosa lo alumbra.» 

Veamos que ese animal es capaz de vivir en la nocturnidad pero no oye ni hace respirar el aire y aún posee la intensidad de tener un sentido para Michaux porque todo lo que está a nuestro alrededor, los pequeños seres como los murciélagos vivifican la naturaleza, la enriquece en su manera de ser o estar.

La sordera, es la ausencia de ciertos espacios que definen la movilidad de los objetos, una persona con buena audición puede definir que una taza japonesa se ha caído sin necesidad de verla, se ubica en ese espacio movimiento del objeto, pero la sordera es contraria, no puede sensorializar ciertos momentos, cierto dinamismo que nos acompañan en la existencia.

Sé que existe esta historia narrada,  cuando yo colocaba mi oído en el pecho de una mujer sentía que se quebraban hojas secas dentro de ella, se partían otoñalmente el resquebraje de sus contornos, y el mundo de la sordera pasa entonces por la refinada capa de la imaginación, se desarrolla por instinto y  supervivencia, tratamos de adaptarnos a este mundo arbitrario, tratamos de desglosar las materias que nos rodean, de descifrar las voces de los demás, leemos las estrías de los labios del otro, como articula su boca, y sin oir el sonido, nos acercamos a lo que quiere expresar, y la sordera es una larga batalla, confrontamos las dificultades de la arbitrariedad donde se expresa la humanidad, nos equivocamos en nuestras interpretaciones, tanto, que contaré esto, una vez le dije a un amigo que sentía la música de Strokes, una banda que me gusta mucho, pero el muchacho me respondió, amigo esa son las campanas de la iglesia. ¡Bah! Es en serio, vivimos en un mundo diferente pero a la vez de autenticidad inmutable, pues lo redefinimos con la sensibilidad, con los poros, con terco esfuerzo. Tememos cruzar una calle, el temor de no escuchar como los demás, pero eso uno lo supera, ya uno va reconociéndose frente a los demás.

Nosotros no somos especiales, somos simplemente seres en diversidad, poseemos una simple condición que nos conlleva a una interpretación más sentimental, más lúcida, menos científica, más humana, más abarcadora, la naturaleza en sí en un reinos de sensaciones diversas que se multiplican dentro del lenguaje y se traspola para redefinirnos en matices abiertas, no encallidadora, poseemos una condición de naturaleza netamente dialógica con la diversidad.

Afuera sigue lloviendo.

     Ser sordo significa ser compañero del silencio y a la vez insistir en imaginar más, vivirla se vuelve costumbre, no entiendo como existe tanta gente viviendo entre bullicios, entre gandolas que pasan con sonidos fuertes en la carretera, entre los ruidos de los motores de las industrias, el bullicio de la gente, no entiendo porque tienen que soportar semejante exabrupto de la tranquilidad, yo siento los sonidos con el pecho, la caja toráxica mía vibra, igual que el cerebro, vibra cuando existe sonidos muy fuertes, y eso es incómodo, atenta contra la tranquilidad y la parsimonia de los seres, quizá es que comprendo que existe gente amargada, estresada, que se molestan por cualquier cosa, yo a lo contrario soy un hombre que no se molesta fácilmente, realmente la tranquilidad que podemos poseer es una cualidad inmutable de la poesía porque la poesía nace del rezo, de la quietud del alba, de los sonidos más serenos  como el viento, de la caricia de una mujer honesta y buena, de la trasmutación que tiene la oleada del mar, que al caer, es como el suspiro que sentimos eternamente dentro de nosotros, es la estancia del pozo, la agilidad con que se mueve esa transparencia en el fondo y nos quedamos absorto por su naturaleza tan frágil y bondadosa como lo es el agua, el agua pertenece al reino de la tranquilidad, aunque ella puede demoler, puede hacer catástrofe, pero el agua, en sí, es un elemento muy sereno, no tanto como el viento, pero sí posee una coseidad livianísima, son en sí, eternos mantos del lenguaje.

Cierro la ventana para escucharte.

Que mi silencio no sea en vano, que la sordera no sea sinónimo de discapacidad, por un mundo de mejor definición de la diversidad, que avale la multibiología, que no se siga repitiendo el lenguaje clínico y encasillador en la familia, si tienes un niño sordo, usa otro lenguaje que no sea el clínico, echa a la basura toda determinación cientifista, abraza sus cualidades, contempla lo hermoso que es vivir en absoluta serenidad, contempla el algodón al caer ¿te lo imaginas, un pétalo terracota cayéndose, un vuelo de la mariposa? Te imaginas que soñemos como el viento, ¿acaso no has sentido la caricia de una mujer desnuda que llora de felicidad en el balcón de su habitación? ¿Crees que las lágrimas tienen sonido?

Afuera dejó de llover

Nace en Barquisimeto, estado Lara, en 1987. Profesor de Educación Especial mención Retardo Mental, egresado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Es miembro de la directiva  del Colectivo Cultural “El Cuarto de los Duendes” y vicepresidente de esta misma Asociación Civil. También es cofundador y vicepresidente adjunto de la revista literato-cultural “La Lucerna” y coordinador del Cenáculo de Investigación Cultural y Literaria  UPEL-ESTE. Además, es miembro y vocero principal de eventos y certámenes de la Red de Escritores y Escritoras Socialistas Capítulo Lara. Ha participado en el Festival de las Juventudes Artísticas “Romerías de Mayo”, en el centenario de José Lezama Lima Holguín, Cuba (2010). Ha sido miembro jurado de la III Bienal de Literatura “Rafael Rodríguez Boquillón” (2012). En el año 2013 obtuvo el Premio Municipal “469 Ciudad de Barquisimeto” con el poemario Agilidad del pozo.  Ha publicado  Concepto invisible y lealtad al libro, prosa literaria Cuadernos de Altagracia homenaje a la poetisa María Inés Duin (2013). Ha publicado “Ecos en el Cuarto” antología poética, Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (2013). En el año 2014 fue merecedor del 2do lugar del Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt”  UNERMB con el poemario Escarpines en el agua. Diplomado en Filosofía UPEL (2015).  Ha publicado artículos de investigación literaria y poesía en el diario El Impulso. Articulista del Diario Ciudad Barquisimeto. Ha participado en el I Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes, organizado por la Editorial Perro y la Rana en el marco del 13 Festival Mundial de Poesía Cuando roza la tierra.  Posee varios trabajos de narrativas y poemarios inéditos.

José Miguel Méndez Crespo

Nace en Barquisimeto, estado Lara, en 1987. Profesor de Educación Especial mención Retardo Mental, egresado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Es miembro de la directiva  del Colectivo Cultural “El Cuarto de los Duendes” y vicepresidente de esta misma Asociación Civil. También es cofundador y vicepresidente adjunto de la revista literato-cultural “La Lucerna” y coordinador del Cenáculo de Investigación Cultural y Literaria  UPEL-ESTE. Además, es miembro y vocero principal de eventos y certámenes de la Red de Escritores y Escritoras Socialistas Capítulo Lara. Ha participado en el Festival de las Juventudes Artísticas “Romerías de Mayo”, en el centenario de José Lezama Lima Holguín, Cuba (2010). Ha sido miembro jurado de la III Bienal de Literatura “Rafael Rodríguez Boquillón” (2012). En el año 2013 obtuvo el Premio Municipal “469 Ciudad de Barquisimeto” con el poemario Agilidad del pozo.  Ha publicado  Concepto invisible y lealtad al libro, prosa literaria Cuadernos de Altagracia homenaje a la poetisa María Inés Duin (2013). Ha publicado "Ecos en el Cuarto" antología poética, Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (2013). En el año 2014 fue merecedor del 2do lugar del Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt”  UNERMB con el poemario Escarpines en el agua. Diplomado en Filosofía UPEL (2015).  Ha publicado artículos de investigación literaria y poesía en el diario El Impulso. Articulista del Diario Ciudad Barquisimeto. Ha participado en el I Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes, organizado por la Editorial Perro y la Rana en el marco del 13 Festival Mundial de Poesía Cuando roza la tierra.  Posee varios trabajos de narrativas y poemarios inéditos.

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