EL ARTE DE LAS MUSAS

“Sin música la vida sería un error”
(Friedrich Wilhelm Nietzsche)

 

Respirar sin el arte de las musas no solo sería un error, sino que éste ha de ser imperdonable.

Es esa válvula de escape necesaria, ese oxígeno entre tanta polución que nos permite seguir adelante, nos energiza y en ocasiones te confronta, te convence y te atrapa.

Creación sublime del ser humano, enriquecida por muchos y llevada a niveles increíbles de innumerables sensaciones. Maltratada por otros, subestimada en sus posibilidades de exaltación creativa del hombre y la  mujer, trasladada al rincón de la nada, en la bajeza putrefacta, en el facilismo más parasitario que al final del día atrapa a las masas, las emboba. Claro, cuenta con buena prensa.

Hay para los gustos más refinados, para los de copa y sofá al estilo Luis XV. La llamada “buena música”, la que solo entienden ellos (dicen desde su cúspide).

También para la calle, el barrio, para la gente de verdad, los que se abrazan a ella para ahogar sus penas o delirar de felicidad. Los que a través de una melodía atrapan un mal o buen recuerdo, retrotraen un suspiro, una rabia, una decepción, una verdad, su verdad.

Dicen que nuestra vidas tienen sentido gracias a esa combinación coherente de sonidos: somos rítmicos, armónicos, negros, blancos, tenemos corcheas, algunos sincopados, semicorcheas y tantas otras cosas de esas que a los académicos les encanta -para imponer supremacía-, corriendo por nuestras venas, huesos, troncos y extremidades.

Pero vamos más allá de esa base conceptual y respondamos: ¿Y es que la incoherencia sonora, desordenada y anárquica no nos hace, no nos enriquece, no plaga de magia y misterio nuestra existencia?

El ruido nos atrae, nos envuelve y nos vomita.

¿Y el silencio? ¿Por qué obviamos el silencio? ¿ Es que éste no es caótico y no ensordece también?

Y es que entre tanto absurdo y sordidez colectiva, el silencio en medio de tanto caos armónico comienza siendo necesario y termina como un grito a más de seis octavas de la hermosa Yma Sumac.

Ser humano, padre, proletario de la información, analfabeto musical, docente por accidente, futbolero. Amante de la vida.

Sinue “El Sino” Vargas

Ser humano, padre, proletario de la información, analfabeto musical, docente por accidente, futbolero. Amante de la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *