CRÍTICA DE CINE: ¡ASOMBROSO QUE A UN CHÓFER DE AUTOBÚS LE GUSTE LA POESÍA DE EMILY DICKINSON!

Escrito por Edicson Meléndez

¿Les había pasado por la cabeza un autobusero, que al mismo tiempo es poeta,  película, libro y ciudad?, no verdad, a mí tampoco. Esto solo es posible gracias a Jim Jarmusch, que nos reta en cada uno de sus filmes hasta llevarnos al delirio que causa la imaginación. El controvertido director de cine independiente estadounidense, emparentado con el frugal finés Aki Kaurismaki,  por sus  maneras de narrar y estéticas bien particulares, sí que saben contar historias, con la excepción de no ser cualquier historias: son poemas visuales.

Paterson es una gran metáfora a la cotidianidad, la sencillez, el día a día,  la calle donde se recoge la verdadera alma del estadounidense. Ocho días para escenificar  un maravilloso poema que lleva el nombre del libro/personaje/ciudad,  con un hombre orquesta: William Carlos Williams, acá se inician las causalidades /casualidades de ese mundo donde Jarmusch nos invita a soñar.

William nacido en New Jersey (Rutherford),  es uno de los más auténticos poetas norteamericanos principal impulsor del “Imaginismo”,  creado por el también rapsoda Ezra Pound. Cultivo el verso libre con una trasparencia inaudita, optando por emplear el habla coloquial y nutrirse de las experiencias de su entorno hasta un punto sensorial y perceptivo ajeno a la influencia de la  literatura europea. Paterson es un largo poema constituido por cinco volúmenes escritos durante casi veinte años.

La cinta se desarrolla en la localidad de Paterson (New Jersey), lugar donde Williams ejercería  como médico pediatra, cuentan que terminó escribiendo poemas en el reverso de sus recetas. Adam Driver (Paterson,) representa a un modélico chófer, vive con su esposa (Laura) personificada por la actriz iraní radicada en Francia Golshifteh Farahani. Una curiosa ama de casa que sueña con ser una reconocida artista de música Country,  quiere emprender un negocio de ponquecitos y tiene una fijación con el  blanco y negro. Ambos viven en una acogedora casita junto a un malhumorado bulldog inglés llamado Marvin.

Hasta acá todo bien, parecen ser una pareja normal de enamorados. Laura  inquieta, optimista siempre con algo en mente. Paterson un silencioso chofer que escribe poemas durante sus pausas en el trabajo, en el sótano de su casa, frente a la caída de agua del río Passaic, emblema de la ciudad.  Me hace pensar en los personajes de JJ. Un samurái asesino que práctica filosofía zen, un don Juan ido a menos que lo asaltaron las dudas de la paternidad. Ese es el enigmático mundo Jarmusch.

Sus días trascurren en los vaivenes de la convivencia de pareja. Laura es un sueño, le contabilice de hecho dos. Ella sueña con los ojos abiertos y cerrados. Paterson hace su ritual después de despertar abrazado al sueño: Laura. Desayuna, manipula una caja de fósforos que terminara siendo un poema, sale al trabajo y antes de iniciar la jornada escribe en su “libro secreto”, después de las interminables quejas de Donny,  un amigo del trabajo.

El itinerario de Paterson se nutre de las frecuentes visitas a un bar  donde conversa con su encargado sobre las tragedias Shakesperianas,  ver  famosos que nacieron en New Jersey en sus paredes con Allen Ginsberg  y el mismísimo WCW a la cabeza en fin, realiza  paseos nocturnos con Marvin hasta encontrarse a nada más y nada menos que “Method Man”, de los conocidos Wu Tang Clan tarareando un rap  en una lavandería.

___¿Es un poeta en Paterson, New Jersey?    

___No, soy un chofer de autobuses, solo un chofer de autobuses

___Es muy poético, podría ser un poema de William Carlos William.

Su periplo por las calles que llevan su mismo nombre tras el volante del autobús, trascurren  bajo su escrutadora mirada donde se refleja lo que Gabriel Rodríguez, traductor de 20 poemas de William Carlos William, al español  por el Fondo Editorial Fundarte, dice en la presentación: “William demostró que no hay temas (poéticos), así como demostró también que la poesía no está hecha de grandes palabras, de pensamientos profundos o de ideas brillantes”.

Él, Paterson, es un poema y la ciudad una gran oda a la espontaneidad, de ahí el diálogo que antecede cuando se le acerca un poeta japonés, con una traducción del libro de WCW, y lo interroga sobre la ciudad, si conoce al gran WCW, y finalmente si es un poeta. Paterson respondió que era solo un chofer y el asiático que tenía una traducción del gran WCW. Como buscando alguna conexión dice: “La poesía traducida es como… tomar una ducha con impermeable”.

Todo esto circunscrito en una complicidad poética, es la vida manifestándose en su más amplia armonía “sin que las dudas se agoten”. El poeta-autobusero, hace uso de esa máxima de WCW: “en el arte el único realismo es el de la imaginación”, es un llamado a la creación, un hacer colectivo,  lo que Juan Calzadilla llama el pensamiento prestado.

La materia prima es una caja de fósforos, la conversa de dos estudiantes sobre un anarquista italiano que vivió en Paterson, una niña poeta que lo sorprende con un sublime texto que le deja vibrando los primeros versos hasta el punto de repetírselos a Laura durante la cena. Esta misma niña con su respectiva gemela antes de irse le dice:

___¿Te gusta Emily Dickinson?

A lo que Paterson contesta:

___Es una de mis poetas favoritas

 ___¡Asombroso que a un chófer de autobús le guste la poesía de Emily Dickinson!

Causalidades /casualidades del enigmático mundo Jarmusch

Las gemelas es un elemento reiterativo y se reafirma con la insistencia de Laura en intentar que el poeta-camionetero, edite sus poemas o por lo menos saque algunas copias con el argumento de percibir semejanzas de Paterson con algún poeta famoso. Ya en la mencionada cena Laura, le hablo del poeta Petrarch, quien escribió una obra llamada “El libro secreto”, tal como el personaje llamaba su libreta inspirado en una muchacha también llamada Laura.

Esa naturalidad que signo WCW, es la que ha logrado Jarmusch, lejos de la pedantería y competencia atroz que en la actualidad caracteriza el gremio. Con Paterson lejos de referencias fílmicas y musicales casi que una constante en el cine de  Jarmusch,  en esta ocasión son evidentemente  literarias. Sus personajes encarnan poemas en sí, y más allá de retoricas está significando la nada, la rutinaria vida de un chofer de buses, su esposa y mascota.

Con una sobria  iluminación donde predominan las sombras, los contraluces, los movimientos pausados de cámara y un sonido que raya en el silencio JJ, ha creado una atmosfera poética, es decir no ha hecho una película, hizo un poema.

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